Code Fénix Maximum

CAPÍTULO 215: Infección

CAPÍTULO 215: Infección

Los túneles de servicio eran completamente distintos a las alcantarillas. Las paredes eran lisas, blancas y herméticas, iluminadas por luces frías empotradas en el techo. El aire era limpio, casi estéril, y el eco de sus pasos resonaba con claridad en el pasillo estrecho.

Joe avanzó apenas unos metros antes de tambalearse.

—No… no puedo… —murmuró, apoyándose contra la pared.

La sangre corría sin control desde la mordida en su pierna, manchando el suelo blanco con un rastro oscuro.

Selene reaccionó de inmediato. Lo hizo sentarse y rasgó parte de su propio traje para improvisar un vendaje, presionando con fuerza la herida.

—Quédate quieto —dijo con firmeza—. Tienes que aguantar.

Joe apretó los dientes. El dolor le recorría todo el cuerpo.

—Me quema… duele… joder… —balbuceó, sin poder articular bien las palabras.

Lucian, desde los brazos de Selene, inclinó la cabeza y aspiró el aire con atención.

—Selene… —advirtió—. No es solo una mordida.

Ella lo miró con tensión.

—¿Qué quieres decir?

—La sangre lycan ya entró en su cuerpo —explicó Lucian—. Está infectado. Ahora mismo corre por sus venas.

Joe intentó reír, pero apenas logró un gemido.

—¿Infectado… cómo… como Marcus…? —preguntó, con la voz quebrada.

—No necesariamente —respondió Lucian—, pero puede volverse inestable. Agresivo. Incluso peligroso si el cuerpo no resiste.

Selene apretó aún más el vendaje.

—No me importa. No voy a dejarlo aquí.

Joe cerró los ojos un segundo, respirando con dificultad.

—Selene… me arde… siento… como si me estuvieran clavando agujas… por dentro…

—Mírame —le ordenó ella, obligándolo a mantener los ojos abiertos—. No te duermas. Respira despacio.

Joe asintió débilmente, aunque el dolor le impedía concentrarse.

Lucian observó la herida con preocupación.

—Tenemos que movernos —dijo—. Si se queda aquí mucho tiempo, la infección puede avanzar más rápido.

Selene tragó saliva, ajustó mejor el vendaje y pasó el brazo de Joe por encima de su hombro.

—Vamos. Apóyate en mí.

Joe intentó incorporarse, pero la pierna le falló.

—Mierda… no… no responde…

—Tranquilo —respondió Selene—. Poco a poco.

Lucian levantó ligeramente la cabeza desde los brazos de Selene.

—Estos túneles no son solo de mantenimiento —explicó—. Conectan con varios laboratorios secundarios de Enid Corp. Si seguimos adelante, lo más probable es que encontremos uno. Allí puede haber algo para ayudar a Joe.

Selene apretó la mandíbula, sin bajar el ritmo.

—Entonces vamos en la dirección correcta.

Joe tragó saliva. Su rostro estaba pálido y cubierto de sudor.

—Yo… estoy viendo cosas… —murmuró con esfuerzo—. Recuerdos… pero… no son míos… aunque… se sienten como si lo fueran…

Selene se detuvo un instante y lo miró con preocupación.

—¿Qué tipo de recuerdos?

Joe cerró los ojos un segundo, intentando ordenar sus pensamientos.

—Oscuridad… túneles… hambre… ruido… —balbuceó—. Y… una sensación… de rabia… no sé… es raro…

Lucian no pareció sorprendido.

—Es normal —dijo con calma—. Cuando un lycan muerde a un humano, no solo transmite la infección. También puede transferir fragmentos de recuerdos.

Selene frunció el ceño.

—¿Cómo es posible eso?

—Sucede cuando los fluidos se mezclan —respondió Lucian—. Sangre, saliva, cualquier tipo de fluido. Esa conexión arrastra impulsos, sensaciones y, a veces, memorias.

Joe soltó una respiración temblorosa.

—Genial… ahora también tengo… recuerdos prestados… —intentó bromear, pero apenas logró una mueca de dolor.

—Concéntrate en seguir caminando —dijo Selene—. Cuando lleguemos al laboratorio, veremos qué se puede hacer.

Joe asintió débilmente.

—Solo… espero… no volverme loco… antes de llegar…

Lucian los observó en silencio unos segundos.

—Si mantenemos el ritmo, no debería pasar nada grave de inmediato —añadió—. Pero no conviene demorarse.

Selene ajustó mejor el apoyo sobre su hombro y reanudó la marcha.

—Entonces no perdamos tiempo.

Joe avanzaba casi arrastrando la pierna. Su respiración era irregular y, por momentos, parecía perder el enfoque. De pronto, alzó la cabeza, como si algo hubiera encajado en su mente.

—Yo… yo lo veo… en los recuerdos… —dijo, tartamudeando—. A Fénix… con Marcus… eran… muy buenos amigos…

Selene lo miró con atención.

—¿Qué estás diciendo?

—E-estaban siempre juntos… entrenaban… se reían… —continuó, esforzándose por articular—. Fénix… no era así… no era este… m-mounstro…

Se llevó una mano a la sien, mareado.

—Hubo algo… un trauma… algo muy fuerte… lo… lo quebró por dentro… y eso creó… la personalidad que tiene ahora… pero… en algún lugar de su mente… el Fénix original… todavía sigue ahí…

Lucian abrió lentamente los ojos, sorprendido.

—Eso encaja… —murmuró—. Antes de todo esto, Fénix era una buena persona. Un joven noble, leal, con principios. No tenía nada de la frialdad ni del sadismo que muestra ahora.

Joe asintió débilmente.

—Lo… lo siento… como si fuera mío… como si yo… estuviera ahí con ellos…

El pasillo desembocó finalmente en una puerta metálica con un panel de acceso dañado. Selene la empujó con esfuerzo y lograron entrar en un laboratorio secundario. Las luces de emergencia iluminaban el lugar con un tono frío y constante. Había mesas de trabajo, armarios médicos y una camilla en el centro.

—Acuéstate —ordenó Selene, ayudando a Joe a recostarse.

Joe obedeció con un gemido de dolor.

Selene comenzó a revisar los cajones, buscando vendas, desinfectantes o cualquier tipo de suero que pudiera servir.

—Tiene que haber algo útil aquí…

Lucian observó el entorno en silencio unos segundos, con el ceño fruncido.

—Todo esto… —dijo finalmente— es culpa de Enid. Cada monstruo que camina por estos pasillos, cada vida rota… todo nace de sus decisiones.




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