Code Fénix Maximum

CAPÍTULO 217: El cazador paso a ser la presa

CAPÍTULO 217: El cazador paso a ser la presa

Selene, Joe y Lucian avanzaron a toda velocidad por el conducto hasta que la estructura cambió de forma abrupta. El pasillo desembocaba en una enorme zona en construcción. Vigas expuestas, plataformas incompletas y un abismo artificial se abrían ante ellos. No había pasarelas, ni escaleras, ni una salida visible al otro lado.

Selene frenó en seco.

—No hay salida… —murmuró, mirando el vacío.

Detrás de ellos, el eco de pasos pesados retumbó como un trueno acercándose. El sonido metálico de algo golpeando paredes y estructuras les erizó la piel.

Lucian alzó la cabeza, oliendo el aire.

—Viene muy rápido… no tenemos tiempo.

Joe miró el abismo y luego a Selene. Su respiración era agitada.

—¿Saltamos?

Selene apretó los dientes.

—Es eso o quedarnos.

Un rugido resonó a sus espaldas.

No hubo más discusión.

Selene dio el primer paso y se lanzó al vacío. Joe saltó detrás de ella, aferrándose al borde apenas un segundo antes de dejarse caer. Lucian, aún en brazos de Selene, apenas pudo reaccionar.

Todo se volvió oscuridad.

El viento silbó a su alrededor mientras caían sin control. El estómago se les encogió, el mundo desapareció, solo existía la sensación de caída libre y el golpe inevitable acercándose.

El impacto llegó de forma violenta.

Joe rodó por una superficie inclinada y terminó contra una pared de hormigón, gimiendo de dolor. Lucian salió despedido unos metros y cayó sobre un montón de cables y polvo, protegido por su caparazón.

—…Estoy bien… creo —gruñó Lucian, sacudiéndose.

Joe se incorporó con dificultad, tocándose el costado lleno de moretones.

—Yo… yo también… maldito golpe…

Entonces escucharon un sonido ahogado.

Un gemido débil.

—S… Selene…

Joe giró la cabeza de inmediato.

La vio unos metros más allá.

Selene había caído sobre una estructura de metal retorcido. Varios trozos de hierro le atravesaban el costado y parte del abdomen, manteniéndola empalada contra la estructura. La sangre manaba lentamente, oscura, empapando su ropa.

Joe palideció.

—¡Selene!

Corrió hacia ella como pudo, arrodillándose a su lado.

Selene respiraba con dificultad. Cada inhalación era corta, dolorosa.

—T… tranquilo… —murmuró, con la voz quebrada—. M… me cuesta… hablar… pero… estoy… bien…

Lucian se acercó con rapidez, observando la herida con preocupación.

—Eso no se ve nada bien… no te muevas.

Selene cerró los ojos un segundo, intentando controlar el dolor.

—S… solo… necesito… un momento…

Joe apretó los puños, conteniendo la angustia.

—No te voy a dejar aquí, ¿me oyes? Vamos a sacarte de esta.

Selene abrió los ojos lentamente y lo miró, forzando una leve sonrisa cansada.

—L… lo sé… solo… no entres… en pánico…

Un chirrido violento recorrió la estructura.

Algo descendía por la pared casi en vertical, clavando las garras en el metal y el hormigón, levantando chispas y polvo a su paso.

Joe alzó la vista con el corazón en la garganta.

—No… no puede ser…

La figura aterrizó frente a ellos con un golpe seco.

Era Fénix en su forma Uber Lycan: una bestia descomunal, casi de tres metros, musculatura antinatural, piel tensa como acero y ojos encendidos con una ferocidad inhumana.

El monstruo los observó apenas un segundo.

Entonces el cuerpo comenzó a crujir, los huesos a reacomodarse, la masa a comprimirse.

En pocos instantes, la criatura volvió a su forma humana.

Fénix quedó de pie frente a ellos, acomodándose el cuello de la camisa manchada, con una sonrisa torcida dibujada en el rostro.

Sus ojos se posaron en Selene.

Empalada, pálida, apenas consciente.

Una carcajada baja y cruel escapó de sus labios.

—Mírate… —dijo con burla—. La gran vampira reducida a un adorno oxidado. Patético.

Joe apretó los dientes.

—Aléjate de ella.

Fénix ni siquiera le dedicó una mirada.

Se acercó a Selene con calma, como quien inspecciona un objeto roto. Luego, sin el menor cuidado, la sujetó del torso y la arrancó de los hierros que la atravesaban.

Selene soltó un grito ahogado.

La sangre brotó con más fuerza cuando el metal se desprendió de su cuerpo. El dolor la hizo retorcerse de forma instintiva.

—¡Ahhh…!

Fénix la sostuvo apenas un segundo más, observándola sufrir con diversión.

—Vamos… no exageres. Todavía sigues viva.

En ese instante, Selene reaccionó por puro reflejo.

Con la poca fuerza que le quedaba, alzó la mano y le rasgó el rostro.

Sus uñas se clavaron con violencia en el lado izquierdo de la cara de Fénix.

Un chasquido húmedo.

La sangre saltó en todas direcciones.

Fénix soltó un gruñido de sorpresa y dolor, llevándose una mano al rostro. Uno de sus ojos, el izquierdo, quedó dañado, cubierto de rojo.

—Maldita…

Selene cayó al suelo, respirando de forma irregular.

Fénix retrocedió unos pasos, presionándose la herida mientras la sangre resbalaba entre sus dedos.

Algunas gotas salpicaron el rostro de Selene.

Una de ellas alcanzó directamente sus labios.

Sin quererlo, Selene probó la sangre.

Y entonces ocurrió.

Una sacudida brutal recorrió su mente.

Su visión se nubló.

El mundo desapareció.

Una avalancha de recuerdos irrumpió sin control.

Imágenes, voces, emociones, sensaciones.

Un niño corriendo entre campos.
Risas compartidas con Marcus.
Entrenamientos agotadores.
Una mano extendida con confianza.
El primer combate real.
El miedo.
La pérdida.
La traición.
El laboratorio.
Las agujas.
El dolor constante.
La obediencia forzada.
La rabia contenida.
La voz de Enid resonando como una orden eterna.
La sensación de estar atrapado dentro de un cuerpo que ya no le pertenecía.




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