Code Fénix Maximum

CAPÍTULO 219: El cazador paso a ser la presa-3 FIN

CAPÍTULO 219: El cazador paso a ser la presa-3 FIN

Selene abrió los ojos de golpe. El mundo físico regresó como un impacto violento. El polvo aún flotaba en el aire, las luces parpadeaban y el eco de los túneles vibraba en las paredes metálicas. Frente a ella, Fénix seguía sacudiéndose, como si su cuerpo luchara contra algo interno.

El dolor recorrió el cuerpo de Selene. Los trozos de metal que la habían atravesado ya no estaban, pero la sangre seguía manando. Aun así, la regeneración vampírica comenzó a cerrar las heridas a gran velocidad. Respiró hondo, apretó los dientes y logró incorporarse.

Miró alrededor y vio una barra de metal arrancada de una estructura caída. La tomó con ambas manos, tanteando su peso.

—Bien… —murmuró, avanzando un paso.

Fénix alzó la cabeza de golpe. Sus músculos se tensaron de forma antinatural. Un crujido húmedo recorrió su espalda y, en un parpadeo, su cuerpo se deformó hasta adoptar nuevamente su forma de uber lycan. La criatura lanzó un rugido que sacudió el túnel y se impulsó directo hacia Selene.

Ella apenas tuvo tiempo de alzar la barra.

El impacto fue brutal. Selene rodó por el suelo, clavando la barra en el suelo para frenar el deslizamiento. Se puso en pie y cargó contra él, saltando con todo su peso. Logró engancharse a su cuello, rodeándolo con el brazo mientras trataba de clavarle la barra entre las placas musculares.

—¡Vamos, Fénix! —gruñó, apretando con fuerza.

El uber lycan respondió con una embestida violenta contra una pared. El golpe le sacó el aire a Selene. Fénix la alcanzó con un puñetazo directo al costado. Luego otro. Y otro más. Cada impacto era como un martillo contra sus costillas.

Selene escupió sangre, pero no soltó.

—Aún… no… —jadeó.

Fénix rugió y giró el torso con una fuerza descomunal. Selene salió despedida varios metros, estrellándose contra el suelo metálico. Rodó sin control hasta quedar boca arriba, aturdida.

Joe dio un paso al frente, impulsado por el instinto.

—¡Selene!

Lucian se interpuso rápidamente delante de él.

—No te metas —dijo con voz tensa—. Esa pelea no es para ti. No puedes hacer nada ahí.

Joe apretó los puños, impotente, viendo cómo Selene trataba de incorporarse mientras la enorme silueta de Fénix volvía a moverse hacia ella.

En ese instante, el cuerpo del uber lycan volvió a crujir y deformarse. La masa monstruosa se replegó sobre sí misma hasta recuperar la silueta humana. Fénix quedó de pie, jadeando, con la piel aún humeante y el ojo izquierdo destrozado, cubierto de sangre.

Avanzó lentamente hacia Selene.

Desde su perspectiva, ella parecía inmóvil, tendida en el suelo, con el pecho apenas elevándose por la respiración.

—Se terminó… —murmuró con una sonrisa torcida—. No te levantes, te ahorraré el dolor.

Se inclinó un poco más, acercándose de forma confiada.

En ese segundo, los ojos de Selene se abrieron de golpe.

Con un movimiento explosivo, alzó la barra de metal y la impulsó con todas sus fuerzas hacia delante.

La punta atravesó el lóbulo frontal de Fénix.

Un sonido seco, húmedo, estremeció el aire.

—¡Gah…!

Fénix retrocedió tambaleándose. La barra sobresalía de su cabeza, empapada en sangre. Su mandíbula comenzó a temblar sin control. Un hilo espeso de baba cayó por la comisura de sus labios.

Sus ojos, antes oscuros y cargados de furia, comenzaron a perder color. Primero se nublaron, luego se tornaron completamente blancos.

—N-no… —balbuceó, sin coherencia.

La espuma empezó a brotar de su boca mientras su cuerpo entraba en espasmos violentos. Sus piernas cedieron y cayó de rodillas, golpeando el suelo con fuerza. Los músculos se contraían de forma errática, como si su sistema nervioso se hubiera desordenado por completo.

Fénix terminó desplomándose de costado, retorciéndose entre sacudidas, respirando de manera irregular, con la mirada perdida y vacía.

El túnel quedó en silencio, roto solo por los estertores del cuerpo convulsionando sobre el metal frío.

En la mente de Fénix, el mundo comenzó a resquebrajarse.

La oscuridad temblaba como un edificio a punto de derrumbarse. Fragmentos de recuerdos, voces y sensaciones se despegaban del entorno y se disolvían en el vacío. Frente a él, el monstruoso uber Fénix seguía conservando su altura imponente, pero su cuerpo se deshacía en jirones de sombra, como humo arrastrado por un viento invisible.

Fénix respiró hondo.

Por primera vez en años, sintió algo parecido a alivio.

—Lo logramos… —murmuró, con una leve sonrisa—. De verdad lo logramos.

El uber Fénix dio un paso torpe hacia delante. Sus rodillas cedieron y terminó arrodillado, ya sin rastro de arrogancia ni furia. Su voz, antes grave y dominante, sonó rota.

—No… no me borres… —suplicó—. Yo te protegí… yo cargué con todo… dame piedad…

Alzó una mano temblorosa hacia él, como un niño pidiendo auxilio.

Fénix lo observó en silencio durante un segundo. Sus ojos ya no reflejaban miedo, sino una calma firme.

—No me protegiste —respondió con claridad—. Me encerraste. Usaste mi dolor para justificar tu violencia. Me robaste doce años de vida.

El monstruo bajó la cabeza, jadeando.

—Sin mí no eres nada… —insistió con un hilo de voz—. El mundo te va a romper otra vez…

Fénix dio un paso al frente.

—El mundo siempre duele. Eso no te da derecho a convertirte en un verdugo.

Se colocó frente a él. El uber Fénix apenas podía sostenerse. Su cuerpo ya era casi transparente.

—Yo no necesito una jaula para seguir adelante —continuó—. Necesito hacerme cargo de lo que soy, de lo que hice y de lo que queda por reparar.

Sin dudarlo, levantó el pie.

El monstruo alzó la mirada por última vez, con los ojos llenos de miedo.

Fénix pisó con fuerza.

La cabeza del uber Fénix se desintegró bajo su pie como cristal quebrado, estallando en una nube de sombras que se disipó en el aire. El resto del cuerpo colapsó al instante, evaporándose hasta no dejar rastro.




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