CAPÍTULO 234: Alaska, un lugar seguro
El avión avanzaba en medio de la noche, atravesando un cielo oscuro y silencioso rumbo a Alaska. El interior estaba en penumbra, con la mayoría de los pasajeros dormidos o en silencio.
Fénix y Selene estaban sentados frente a frente, separados por el pequeño pasillo central. Lucian descansaba entre ellos, inmóvil.
Durante unos minutos, ninguno dijo nada.
Hasta que Selene rompió el silencio.
—A esa civilización… —empezó, acomodándose en el asiento—. Les llaman los Nocturnos Blancos.
Fénix alzó ligeramente la mirada.
—Nombre curioso.
—Viven completamente aislados. En medio de la nada. No tienen contacto con otras facciones.
Fénix asintió despacio.
—Suena justo a lo que necesitamos.
Selene dudó un segundo antes de continuar.
—Fénix…
Él no respondió.
—Siento lo de tu brazo.
Hubo un pequeño silencio.
Fénix giró levemente la cabeza, mirando la manga vacía que caía a un lado de su cuerpo.
Durante unos segundos no dijo nada.
Luego habló.
—No es nada.
Su voz era baja.
—Solo tengo que… aprender otra vez.
Selene lo observó en silencio.
—Disparar con una mano —continuó él—. Comer con una mano… hacer todo con la izquierda.
Intentó sonar indiferente.
No lo consiguió.
Su mandíbula se tensó.
—Nada complicado.
Pero su voz se quebró apenas al final.
Un segundo.
Solo uno.
Bajó la mirada, apretando los labios, como si intentara contener algo que no quería mostrar.
El ruido constante de los motores llenó el silencio que siguió.
Selene se inclinó ligeramente hacia él, bajando la voz.
—Oye… —dijo con calma—. Ya sé que todo ha sido una mierda estos últimos meses… pero al menos seguimos aquí.
Fénix no respondió.
—Estamos juntos en esto —añadió ella—. Y eso ya es algo.
El silencio volvió a caer unos segundos.
Entonces Fénix habló.
—Desde que Enid murió… —empezó, sin mirarla— siento que… me falta algo.
Selene lo observó.
Un segundo después—
CLAC.
El sonido seco de la bofetada cortó el aire.
Fénix giró el rostro por el impacto, sorprendido.
—No seas idiota —dijo Selene, seria.
Él la miró, sin entender.
Selene se inclinó un poco más, con la mirada firme.
—Esa mujer era un monstruo.
Fénix no dijo nada.
—Manipulaba a todos —continuó—. Jugaba con la gente como si fueran piezas. ¿De verdad vas a quedarte destrozado por alguien así?
Fénix bajó la mirada.
—Te utilizó —añadió Selene—. A ti, a Marcus… a todos.
El silencio se hizo más pesado.
Fénix no respondió.
No discutió.
No la contradijo.
Solo… se quebró.
Sus hombros temblaron levemente mientras las lágrimas comenzaban a caer en silencio.
Selene lo miró durante unos segundos.
Su expresión se suavizó apenas.
—Eres demasiado bueno para este mundo podrido… —murmuró.
Fénix no levantó la cabeza.
Y por primera vez en mucho tiempo, simplemente se dejó llorar.
Selene lo dejó unos segundos más, dándole espacio. Luego, con un tono más firme, volvió a hablar.
—Fénix… tenemos que estar preparados.
Él no levantó la cabeza.
—Marcus no se va a quedar quieto en un solo lugar —continuó—. Y por lo que parece… te está buscando.
Fénix tragó saliva.
—Quiere venganza.
El silencio volvió.
Fénix respiró hondo… y esta vez no se contuvo.
—Yo… —empezó, con la voz rota—. Yo podría haber evitado todo esto.
Selene no dijo nada.
—Podría haber detenido a Enid antes… —continuó—. Podría haber hecho algo cuando aún había tiempo.
Apretó los puños.
—Marcus… los demás… —su voz tembló—. Todos.
Levantó la mirada, los ojos enrojecidos.
—Pero no hice nada.
Selene lo observaba en silencio.
—Lo vi todo venir —añadió—. Las señales… lo que estaba pasando… y aun así seguí adelante como si nada.
Su respiración se volvió irregular.
—Y ahora están muertos… o peor.
Sus palabras salían cada vez más rápido, más cargadas.
—Y es por mi culpa.
Silencio.
Fénix bajó la mirada otra vez.
—Me está carcomiendo por dentro… —murmuró—. Todo esto.
Selene no respondió de inmediato.
El ruido del avión seguía constante, ajeno a todo.
Y por un momento, lo único que quedó… fue el peso de esas palabras.