Code Fénix Maximum

CAPÍTULO 238: Alaska, un lugar seguro-3

CAPÍTULO 238: Alaska, un lugar seguro-3

El trío se detuvo frente a las puertas de la fortaleza.

Eran colosales.

Altas, macizas, cubiertas por una capa de hielo que reflejaba la luz gris del cielo. No había manijas visibles… ni símbolos claros… solo una presencia imponente que hacía que todo el lugar se sintiera… vigilado.

Fénix alzó la vista, impresionado.

—Vale… —murmuró—. ¿Y ahora qué? ¿Hay un timbre o algo?

Selene no respondió.

Dio un paso al frente, cerró los ojos un instante… y habló.

“Vael nor’eth… silvarae noctis… elyra ven shaal…!”

Su voz resonó contra las puertas, como si el idioma tuviera peso propio.

Hubo un silencio breve…

Y entonces…

CRRRRRAAAAK…

Las puertas comenzaron a abrirse lentamente.

Un viento helado salió desde el interior.

Fénix frunció el ceño.

—Bueno… eso funciona mejor que un timbre.

Los tres cruzaron el umbral.

Dentro…

Todo era blanco.

No solo por la nieve, sino por la estructura misma: edificios de piedra clara, perfectamente alineados, calles limpias, orden absoluto. Era como una ciudad congelada en el tiempo.

Pero…

No había nadie.

Ni un solo sonido.

Lucian miró a ambos lados.

—Esto no me gusta…

Las puertas detrás de ellos se cerraron con un golpe seco.

BOOM.

Fénix giró de inmediato.

—Genial.

Volvió la mirada al frente…

Y entonces aparecieron.

Uno a uno.

Desde los tejados, desde las sombras entre los edificios, desde esquinas imposibles…

Vampiros.

Albinos.

Piel completamente blanca, ojos claros casi translúcidos. Hombres y mujeres con una belleza antinatural, casi perfecta… pero fría.

Todos armados.

Espadas.

Lanzas.

Ballestas.

En cuestión de segundos…

Decenas de armas apuntaban directamente a Fénix.

Lucian se encogió.

—Eh… creo que no les caes bien…

Los vampiros comenzaron a hablar entre ellos.

“Vel’kora thain! Lycan verash!”
“Nocthra vel! Nocthra vel!”
“Kael ven dorath…!”

Fénix entrecerró los ojos.

—No entiendo una mierda…

Selene dio un paso al frente, levantando una mano.

“Shaal! Shaal ven! Elyra nox Selene!”
“Var thalen! Nocturnae vin tharos!”

Los vampiros no bajaron las armas.

Al contrario.

La tensión aumentó.

Las voces se elevaron.

“LYCAN!”
“Vel thraxis!”
“Kor venash!”

Fénix empezó a tensarse.

—Selene…

Ella no respondió.

Seguía discutiendo con ellos en ese idioma imposible.

“NAEL! NAEL VORIN SELENE!”

El ambiente estaba a punto de romperse…

Cuando una voz distinta se alzó entre todos.

—Basta.

El silencio fue inmediato.

Los vampiros se apartaron ligeramente… abriendo paso.

Un hombre apareció caminando con tranquilidad.

Bajito.

Regordete.

Completamente calvo.

Con una expresión amable que contrastaba totalmente con la tensión del lugar.

Se colocó al frente… y miró a Fénix.

Luego sonrió.

—Tranquilos… tranquilos…

Alzó una mano, calmando a todos.

—Un Lycan… no es un enemigo.

Miró a su gente.

—Aquí no juzgamos por sangre ni por miedo…
“Donde hay sombra, damos luz… donde hay guerra, damos paz.”

Algunos bajaron lentamente las armas.

El hombre dio un paso más hacia Fénix.

—Bienvenidos… a nuestro hogar.

Luego inclinó ligeramente la cabeza.

—Soy el patriarca de los Nocturnos Blancos.

Sonrió aún más.

—Y aquí… incluso los lobos pueden descansar.

El hombre regordete dio un paso al frente, con una sonrisa cálida que desentonaba con todo lo anterior.

Se llevó una mano al pecho, con gesto educado.

—Mi nombre es Hank.

Fénix lo observó unos segundos, todavía algo en guardia… pero finalmente relajó ligeramente los hombros.

—Fénix —respondió—. Fénix Roger.

Miró de reojo a los vampiros que aún lo apuntaban, aunque con menos decisión.

—Y… gracias. Por evitar que me conviertan en un colador.

Hank soltó una pequeña risa.

—Oh, no te preocupes. A veces se entusiasman demasiado.

Entonces su mirada se desplazó hacia Selene.

Y su expresión cambió.

Sorpresa.

Reconocimiento.

—Espera…

Se acercó un poco más, entrecerrando los ojos.

—Tú…

Selene lo miró en silencio.

Hank sonrió ampliamente.

—Claro… esos ojos… no hay duda.

Asintió, casi con cariño.

—Eres hija de Lyra.

Selene no dijo nada, pero su postura se suavizó apenas.

—La conocí hace muchos años —continuó Hank—. Una mujer extraordinaria.

Miró nuevamente a ambos, juntando las manos.

—Supongo que eso explica muchas cosas.

Luego giró levemente hacia su gente, que seguía observando.

—Tranquilos, tranquilos… bajad las armas.

Algunos dudaron… pero obedecieron.

Hank suspiró, algo avergonzado.

—Mi gente es… cómo decirlo…

Se inclinó un poco hacia Fénix, en tono más bajo.

—Muy sugestionable.

Luego alzó la voz otra vez.

—Pero son buenos. De verdad.

Sonrió.

—Ya sabéis… prejuicios antiguos.

Miró a Fénix con honestidad.

—Lycan… vampiros… historias que pesan más de lo que deberían.

Se encogió de hombros.

—Aquí intentamos hacer las cosas de otra manera.

Hizo un gesto con la mano, invitándolos a avanzar.

—Venid. Debéis estar agotados.

Su sonrisa volvió a ser cálida.

—Este lugar es seguro.




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