Code Fénix Maximum

CAPÍTULO 240: Alaska, un lugar seguro-7

CAPÍTULO 240: Alaska, un lugar seguro-7

El agua resbalaba por el cuerpo de Fénix mientras terminaba de vestirse con rapidez. El vendaje improvisado alrededor de su hombro estaba firme, y la herida se sentía notablemente mejor.

Aelith permanecía junto al estanque, observándolo con serenidad.

Fénix se colocó la chaqueta y flexionó ligeramente el brazo izquierdo.

—Gracias.

Aelith inclinó la cabeza.

—No ha sido nada.

Entonces ocurrió.

Un sonido grave resonó a través de la piedra.

La corneta.

Un segundo después llegaron los gritos.

Choques metálicos.

Rugidos.

El rostro de Fénix cambió por completo.

Aelith también lo entendió al instante.

—Algo ha entrado.

Fénix no esperó ni un segundo más.

Salió disparado hacia las escaleras de piedra, subiéndolas de tres en tres. Aelith lo siguió de cerca.

A medida que ascendían, los sonidos se volvían más intensos.

Vampiros corrían por los pasillos con armas en mano. Algunos descendían para proteger a los civiles; otros se dirigían a las murallas.

Fénix apartó a uno de un empujón al doblar una esquina.

Y cuando finalmente llegó al nivel superior...

La escena era un caos absoluto.

La nieve del patio interior estaba completamente teñida de rojo.

Vampiros y lycans mutados luchaban cuerpo a cuerpo por toda la fortaleza. Las criaturas trepaban por los muros, saltaban desde los tejados y despedazaban todo a su paso.

Selene atravesaba el pecho de una de ellas con ambas espadas.

Lucian arrancaba la mandíbula de otra con sus propias manos.

Los alaridos retumbaban en cada rincón.

Fénix observó las aberraciones durante apenas un segundo.

Y lo supo.

Su expresión se endureció.

—Marcus...

Solo él podía haber creado algo así.

Solo él era capaz de convertir lycans en monstruos de laboratorio.

Entonces lo vio.

Al otro extremo del patio.

Una bestia gigantesca avanzaba entre la batalla, apartando tanto a vampiros como a sus propias criaturas. Medía más de tres metros, con músculos deformados, huesos sobresaliendo bajo la carne y múltiples cicatrices cubriendo su cuerpo.

Sus brazos eran desproporcionadamente largos.

Sus garras parecían cuchillas.

Sus ojos brillaban con una inteligencia cruel.

Marcus.

O lo que quedaba de él.

Fénix apretó la mandíbula.

Cerca de él, una gruesa barra de metal descansaba entre los restos de una estructura destrozada.

La tomó con una sola mano.

Pesaba bastante.

No lo suficiente.

Marcus giró la cabeza.

Sus ojos se clavaron en él.

Una sonrisa monstruosa se dibujó en su rostro.

—Fénix...

Fénix no respondió.

Giró el torso.

Y lanzó la barra con toda la fuerza de su cuerpo.

El metal silbó a través del aire como un proyectil.

Impactó de lleno en el rostro de Marcus con un estruendo brutal.

La cabeza del monstruo se sacudió violentamente hacia un lado.

El golpe fue tan potente que lo hizo retroceder varios pasos, aplastando a dos lycans mutados en el proceso.

El patio entero pareció congelarse por un instante.

Marcus rugió.

No fue un sonido animal.

Fue algo mucho peor.

Una mezcla de odio, dolor y pura demencia.

Sus enormes patas traseras se hundieron en la nieve.

Y al instante siguiente, salió disparado.

Fénix apenas tuvo tiempo de tensar los músculos.

—¡Mierda...!

El impacto fue devastador.

Marcus lo embistió de lleno en el pecho como un tren de carga. Ambos atravesaron el patio a una velocidad brutal hasta estrellarse contra uno de los muros interiores de la fortaleza.

La piedra se agrietó.

Una onda de choque recorrió el lugar.

Fénix sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones de golpe.

Ni siquiera pudo maldecir.

Marcus no le dio tiempo.

Su gigantesco puño descendió como un martillo.

Fénix logró alzar el brazo izquierdo para cubrirse.

El golpe le sacudió hasta los huesos.

Luego vino otro.

Y otro.

Y otro más.

Cada impacto retumbaba en la piedra.

Fénix bloqueaba como podía, usando su único brazo, pero la diferencia de fuerza era absurda.

Su antebrazo ardía.

Los músculos protestaban.

Las costillas crujieron bajo uno de los impactos.

Marcus lo sujetó del cuello y lo estampó otra vez contra la pared.

La visión de Fénix se nubló por un instante.

Un rodillazo se hundió en su abdomen.

Fénix escupió sangre.

Intentó contraatacar con un puñetazo, pero Marcus atrapó su muñeca con facilidad insultante.

La retorció.

Fénix gruñó de dolor.

Marcus le golpeó el rostro con la frente.

El crujido de la nariz fue inconfundible.

La cabeza de Fénix se sacudió hacia atrás.

El mundo giró durante un segundo.

Marcus aprovechó para descargar una lluvia de golpes brutales sobre su torso y su rostro.

Fénix apenas podía cubrirse.

Su único brazo ya estaba al límite.

Cada bloqueo le arrancaba una mueca de dolor.

Cada impacto lo hundía un poco más contra la pared destrozada.

La sangre corría por su mentón.

Su respiración era irregular.

Marcus lo tomó del cabello y lo obligó a levantar la cabeza.

A su alrededor, la batalla continuaba.

Pero durante ese instante...

Solo existían ellos dos.

—Fénix...—gruñó Marcus.

Lo lanzó varios metros, rodando sobre la nieve y los restos de piedra.

Fénix intentó incorporarse.

Su brazo izquierdo temblaba.

Su visión se duplicaba.

Y Marcus ya venía otra vez.

La batalla se había convertido en una carnicería.

La nieve ya no era blanca.

El patio entero estaba cubierto de sangre, restos de madera y cuerpos destrozados.

Selene giró sobre sí misma, decapitando a una de las criaturas con un corte limpio. La cabeza rodó varios metros antes de desaparecer bajo una lluvia de pisadas.




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