Code Fénix Maximum

CAPÍTULO 246: Catarsis

CAPÍTULO 246: Catarsis

Lo que estoy a punto de contar… no sé muy bien por qué lo hago.

Quizá sea para aliviar este peso que llevo dentro, que no se va, que no desaparece por más que pasen los días o las batallas. Quizá lo hago porque necesito oírlo en voz alta, aunque nadie lo esté escuchando de verdad. O tal vez… simplemente sea una forma de confesar mis pecados.

Porque al final, eso es lo que son.

Pecados.

Y los verdaderos pecados no se expían.

No hay redención para ciertas decisiones. No hay perdón que alcance cuando cruzas ciertas líneas. Solo queda seguir adelante, cargando con ello, como si cada paso fuera un recordatorio constante de lo que hiciste… o de lo que no hiciste.

He perdido la cuenta de cuántas veces me he dicho que no tenía otra opción.

Que todo lo que hice era necesario.

Que si no lo hacía yo, alguien más lo haría.

Excusas.

Todas suenan bien en el momento. Todas parecen tener sentido cuando la sangre aún está caliente y el ruido de la batalla no te deja pensar.

Pero cuando todo se detiene… cuando el silencio llega…

Ahí es cuando empieza lo real.

Ahí es cuando los rostros vuelven.

Los nombres.

Las voces.

26 de octubre del año 2000.

La propiedad de Tedd Button brillaba como una reliquia rescatada de otra era. Antiguamente un castillo, ahora restaurado con un lujo impecable, sus muros de piedra y ventanales altos estaban iluminados por candelabros modernos que intentaban, sin lograrlo del todo, domesticar la esencia antigua del lugar.

La gala benéfica del señor Button estaba en pleno auge.

Música suave.

Risas medidas.

Copas de cristal chocando con delicadeza.

Dinero moviéndose en silencio.

Y, por encima de todo, una luna llena imponente dominando el cielo.

En uno de los balcones laterales, alejada del bullicio, Enid observaba el horizonte.

La luz plateada bañaba su rostro con una calma casi irreal.

Parecía tranquila.

Demasiado.

La puerta detrás de ella se abrió con suavidad.

Fénix salió al exterior, ajustándose el cuello del traje mientras el aire frío le erizaba la piel.

Se acercó despacio.

—Deberías entrar —dijo con tono ligero—. Está empezando a hacer frío.

Se apoyó contra la barandilla, mirando la luna.

—No me gustaría tener que lidiar contigo enferma. y no me gustaria escuchar que te quejes toda la semana.

Enid no respondió.

Ni siquiera lo miró.

El silencio se extendió.

Pesado.

Intencionado.

Fénix giró ligeramente la cabeza hacia ella.

—¿Todo bien?

Entonces, sin apartar la vista del cielo, Enid habló.

—Fénix...

Su voz era suave.

Pero había algo distinto en ella.

—Si te pidiera que hicieras algo por mí... ¿lo harías?

Fénix frunció levemente el ceño, pero no dudó.

—Sí.

Una pausa.

—¿Incluso si fuera peligroso?

—Sí.

Otra pausa.

El viento movió ligeramente el cabello de Enid.

—¿Incluso si tuvieras que cruzar una línea de la que no hay vuelta atrás?

Fénix la observó unos segundos.

Algo en esas palabras no le gustaba.

Pero aun así…

—Sí.

Enid cerró los ojos por un instante.

Como si confirmara algo en su interior.

Luego, finalmente, giró el rostro hacia él.

La luna iluminó sus ojos.

Y en ellos no había duda.

Solo decisión.

—Necesito que hagas un pequeño trabajo para mí.

El aire pareció enfriarse aún más.

Y, sin saberlo todavía…

Fénix acababa de aceptar algo que cambiaría todo.

Enid mantuvo la mirada fija en él, como si midiera cada reacción antes de permitir que existiera.

—El señor Button es uno de los mayores inversores de Enid Corp —comenzó, con una calma quirúrgica—. Durante años ha financiado proyectos que nadie más habría tocado. Gracias a él, muchas de nuestras operaciones… fueron posibles.

Fénix no dijo nada.

Solo escuchaba.

—Pero eso ha cambiado.

Enid entrelazó las manos delante de sí.

—Ha decidido iniciar una demanda contra la compañía. Tiene información sensible. Información que, si sale a la luz, no solo destruiría Enid Corp… arrastraría consigo a todos los que han estado involucrados.

Una pausa.

El viento golpeó suavemente las cortinas del balcón.

—No es solo dinero —añadió—. Es reputación, influencia… poder. Si cae la compañía, no habrá lugar seguro para nadie relacionado con ella.

Fénix frunció ligeramente el ceño.

—¿Y qué estás pensando hacer?

Enid lo miró directamente.

No hubo rodeos.

—Silenciarlo.

La palabra quedó suspendida en el aire.

Fría.

Definitiva.

Fénix no reaccionó de inmediato.

Su mente empezó a trabajar, analizando, cuestionando, intentando encontrar otra salida.

Pero Enid continuó, adelantándose a sus dudas.

—Escúchame —dijo, acercándose un paso—. No es una decisión impulsiva. He considerado todas las opciones. Negociar no es viable. Comprar su silencio ya no es suficiente. Y si espera lo suficiente, llevará todo a los tribunales.

Su voz no temblaba.

—Esto no es solo por mí.

Señaló hacia el interior del castillo, donde la gala seguía su curso.

—Es por todos los que dependen de esta compañía. Científicos, operativos, personas que no tienen otra protección más que nosotros.

Fénix bajó la mirada.

El peso de la decisión empezaba a asentarse.

—Si él habla —continuó Enid—, todo se acaba. Y no solo para nosotros.

Se acercó un poco más.

Lo suficiente.

—A veces, para proteger algo grande… hay que tomar decisiones que nadie más está dispuesto a tomar.

El silencio volvió.

Fénix apretó la mandíbula.

No le gustaba.

Nada de esto le gustaba.

Pero tampoco era ajeno a ese tipo de decisiones.

Había vivido lo suficiente para saber que el mundo no funcionaba con ideales.




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