Código de Sangre: El Regreso de Aria

Capítulo 3: El Vals Silencioso del Jardín

​Capítulo 3: El Vals Silencioso del Jardín

La cena es el engaño. La noche es la verdad. Y el jardín, mi campo de caza.

​Aria se deslizó por las escaleras de servicio, sus pies descalzos sobre la fría baldosa. El reloj de la sala marcaba las 00:37. En el comedor, sus padres y Leo dormían, agotados por la emoción del reencuentro y, en el caso de Aria, por las sutiles dosis de sedante que había mezclado en sus bebidas. No era maldad; era protocolo. No podían presenciar la guerra que estaba a punto de desatarse en su propio jardín.

​La brisa nocturna acarició su piel al salir al exterior. Llevaba ropa oscura y ajustada, y sus manos estaban cubiertas con guantes finos que le permitían mantener la sensibilidad táctil sin dejar huellas. En su cinturón improvisado, llevaba una colección de herramientas: un par de cuchillos de lanzamiento que había escondido en el marco de su ventana, un trozo de alambre de piano y el transmisor del mercenario caído, ahora modificado para interferir las comunicaciones de Chimera.

​Los Patrones del Depredador

3. Dos en los puntos ciegos perimetrales. Uno en el techo del ala oeste. Un cuarto en el lateral de la piscina. Y probablemente un quinto, el más peligroso, en un punto elevado y cubierto.

​El Código 1 analizó el perímetro. Los agentes de Chimera se movían con una disciplina casi robótica, pero eran predecibles. Buscaban patrones. Aria se convirtió en el anti-patrón.

​Primero, el tejado. El mercenario del tejado era un francotirador. Si ella quería moverse libremente, debía ser el primero en caer. Aria usó la rejilla de ventilación trasera para escalar. Sus movimientos eran fluidos, una danza de músculos tensos y silenciosos. Al llegar al tejado, el francotirador la detectó. Giró el rifle. Demasiado lento.

​Aria no usó un cuchillo. Usó el alambre de piano. Se deslizó detrás de él, el alambre tenso alrededor de su garganta antes de que pudiera apretar el gatillo. Fue un corte limpio y rápido, el sonido de su último suspiro ahogado por el crujido de las tejas. El cuerpo cayó sin un ruido, absorbido por la gravedad hacia un seto denso.

​—Uno menos —murmuró Aria, ya descendiendo.

​La Cacería en el Jardín

​Los otros mercenarios no tardaron en reaccionar. El francotirador era su ojo. Al perder contacto, el resto del equipo pasó a la "Fase de Barrido". Los patrones predecibles se hicieron más agresivos.

"Sombra 2, ¿hay contacto? Sombra 4 sigue fuera de línea." La voz del comandante de Chimera crackeaba en el transmisor que Aria llevaba oculto.

​Aria lanzó un cuchillo. No apuntó a un hombre. Apuntó a un punto clave en la red de comunicación: un pequeño repetidor escondido en una palmera. El cuchillo lo cortó limpiamente, y la red de comunicación de Chimera en el jardín se interrumpió.

​—Ahora estáis ciegos y sordos —susurró Aria.

​El siguiente en caer fue el que custodiaba la piscina. Aria se sumergió en el agua fría, sus movimientos limpios y sin salpicaduras. Emergió detrás de él, usando el reflejo de la luna en el agua para cegarlo. Un golpe seco en la base del cráneo, y el mercenario se desplomó en el agua con un chapoteo mínimo. Aria lo arrastró hasta el fondo y lo mantuvo allí.

​El Duelo del Alma Vieja

​Solo quedaban dos en el perímetro y, seguramente, el líder, el quinto punto de peligro. Aria sabía que no podía subestimarlos. Chimera no enviaba a novatos para recuperar al Código 1.

​Aria se movió hacia el lateral de la mansión, donde un mercenario intentaba flanquearla. Esta vez, fue una lucha cuerpo a cuerpo. El hombre era grande, fuerte, con un estilo de combate brutal que recordaba a los antiguos "Códigos Alfa".

​—01... —gruñó el mercenario, intentando estrangularla—. Tu debilidad es tu memoria.

​Aria esquivó su golpe. La memoria era su debilidad, sí, pero también era su combustible. Recordó la cara de su madre, las lágrimas de Leo. Su furia se convirtió en precisión. Usó el propio peso del mercenario para desarmarlo, y luego, con una llave de brazo inversa, le rompió la columna vertebral. El sonido fue espeluznante. El mercenario cayó, incapaz de moverse, pero aún consciente.

​—Mi debilidad soy yo —respondió Aria, y le dio un golpe final que lo dejó inconsciente—. No mi recuerdo.

​La Última Sombra y el Amanecer

​Solo quedaba uno en el perímetro y el "punto cinco". Aria sintió un escalofrío. El quinto hombre no había hecho un solo movimiento. Estaba esperando.

El jardín estaba silencioso ahora. Aria se movía con cautela. De repente, una ráfaga de disparos de ráfaga rompió el silencio. No iban dirigidos a ella, sino a la ventana del salón principal. La misma ventana donde sus padres dormían.

​—¡Maldita sea! —El Código 1 había cometido un error. Había subestimado la crueldad de Chimera.

​Aria corrió hacia la mansión, mientras el quinto mercenario, el que había estado observando desde el campanario de la iglesia vecina, lanzaba una ráfaga más, esta vez directamente hacia el dormitorio principal.

​Aria entró por la puerta de servicio, sus ojos escaneando la casa. Sus padres dormían. Las balas habían impactado en la pared exterior, pero el cristal blindado había aguantado.

​La voz del quinto mercenario salió por un comunicador de emergencia que había dejado caer el último hombre:

El Código 1 está en la casa. Objetivo primario: neutralizar a la familia. Objetivo secundario: recuperar el activo. No quiero más errores, 01.

​Aria cerró los ojos. Había limpiado el jardín, pero la verdadera amenaza aún estaba allí, esperando.

​Y ahora, el sol comenzaba a asomarse por el horizonte, pintando el cielo con tonos naranjas y rosados. La familia Vance se despertaría pronto.




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