El amor es una debilidad táctica. Lo sabía en la selva, y lo confirmo ahora que tengo que mirar a mi hermano a los ojos mientras limpio la sangre del suelo.
La mañana no trajo claridad, solo una luz cruda que exponía los agujeros de bala en las paredes de seda. El sedante finalmente perdió su efecto sobre Elena y Thomas Vance. Aria los encontró en el vestidor, abrazados, con la mirada perdida de quienes han visto el abismo abrirse en su propio pasillo.
—Aria... —susurró su padre, Thomas, con la voz quebrada—. Leo nos contó algo... pero no puede ser cierto. Esos hombres... el jardín...
Aria permaneció de pie en el umbral. Había cambiado su ropa táctica por unos vaqueros y una camisa holgada para ocultar los vendajes improvisados en sus costillas. Su rostro era una máscara de calma perfecta, una que había perfeccionado durante años de interrogatorios.
—Lo que Leo les dijo es solo la superficie —dijo ella, su voz cortando el aire como un bisturí—. No fui rescatada por aldeanos. Fui capturada por una organización llamada Chimera. Me convirtieron en lo que necesitaban para sus guerras. Y ahora, porque decidí volver con ustedes, ellos consideran que esta casa es un cabo suelto que debe ser eliminado.
Elena soltó un sollozo ahogado, tapándose la boca con las manos. Miraba a Aria buscando a la niña que amaba los cuentos de hadas, pero solo encontraba a una mujer que analizaba la habitación buscando puntos de entrada.
La Rebeldía de LeoLeo, que había pasado la última hora observando los cadáveres que Aria había apilado en el sótano antes de que saliera el sol, entró en la habitación. Su rostro estaba pálido, pero sus ojos ardían con una mezcla de furia y una curiosidad peligrosa.
—No podemos simplemente quedarnos aquí sentados esperando a que manden a otro francotirador —dijo Leo, golpeando la pared—. He estado investigando en la red profunda con la laptop de la oficina. "Chimera" no aparece en Google, pero hay susurros en foros militares sobre un "Proyecto Código". Hablan de niños perdidos convertidos en fantasmas.
—¡Detente, Leo! —ordenó Aria, dándose la vuelta con una rapidez que lo hizo retroceder—. Buscar ese nombre en una red abierta es como encender una bengala en medio de la noche. Estás dándoles nuestra dirección IP, nuestros metadatos. Estás cavando tu propia tumba.
—¡Pues enséñanos a defendernos! —retó Leo—. Si eres tan buena como dicen, danos un arma. No soy un niño, Aria.
—No —respondió ella, tajante—. En el momento en que empuñes un arma contra ellos, dejas de ser un civil y te conviertes en un objetivo legítimo. Mientras seas una "víctima", tengo una fracción de segundo de ventaja moral. Si te conviertes en combatiente, te matarán sin parpadear.
El Plan de ExtracciónAria sabía que el francotirador que huyó informaría del fracaso del equipo "Sombra". El Director no enviaría más peones. Enviaría a uno de los suyos. Probablemente al Código 3 o al Código 7, especialistas en infiltración y demolición.
—Tenemos treinta minutos —dijo Aria, mirando su reloj—. Papá, toma solo los documentos importantes y dinero en efectivo. Mamá, ropa cómoda y medicinas. Leo, tú vendrás conmigo al garaje. Vamos a usar el SUV blindado que papá compró tras mi desaparición. Fue una buena inversión, papá.
—¿A dónde vamos? —preguntó Elena, temblando.
—A un lugar donde el Código 1 no exista —mintió Aria. En realidad, los llevaba a una "Caja de Seguridad" que ella misma había construido en secreto durante su primer mes de regreso, una cabaña fortificada bajo un nombre falso en las montañas.
El Nido de AvispasMientras los Vance empacaban aterrorizados, Leo aprovechó un descuido de Aria para enviar un último mensaje encriptado a un contacto que conocía de sus días en la universidad, un experto en ciberseguridad. “Necesito todo sobre el Vuelo 402 y la firma Chimera. Pago lo que sea”.
No sabía que el mensaje no llegó a su amigo. Fue interceptado en milisegundos por una antena estacionaria a tres kilómetros de la mansión.
En una oficina minimalista a cientos de kilómetros de allí, un hombre con una cicatriz que le dividía el labio sonrió al ver la notificación en su pantalla.
—El hermano es impaciente —dijo el hombre. Era el Director de Chimera—. 01 siempre tuvo esa debilidad: la familia. Envíen al Código 4. Díganle que no necesita traerla viva esta vez. Solo necesitamos el chip que lleva en su nuca. El resto... es material desechable.
La HuidaAria cargó a su familia en el vehículo. Ella conducía, con una pistola de 9mm oculta entre sus piernas y la mirada fija en el retrovisor. Al salir por el portón de la mansión, vio a través del espejo retrovisor una pequeña luz roja parpadeando en la base de la estatua del jardín.
Un rastreador.
No se detuvo a quitarlo. Sabía que si lo hacía, el ataque empezaría ahí mismo. Prefería llevarlos a terreno abierto, donde sus instintos de Código 1 pudieran maniobrar sin poner en peligro las paredes de su infancia.
—Aria... —dijo su madre desde el asiento trasero, tomándole la mano—. Prométeme que volveremos a ser una familia normal.
Aria miró el reflejo de su madre en el espejo. Vio el amor, la esperanza y la ingenuidad. Luego miró hacia la carretera, donde un sedán negro empezaba a seguirlos a una distancia constante.
—Lo prometo, mamá —dijo Aria, mientras quitaba el seguro del arma en silencio—. Pero primero, tengo que asegurarme de que no quede nadie para recordarnos quiénes fuimos.
El capítulo termina con el SUV de los Vance desapareciendo en la autopista, mientras tres vehículos negros se incorporan al tráfico, formando una formación de caza perfecta. El juego ha salido de la mansión. Ahora, el mundo entero es el campo de batalla.
#972 en Otros
#177 en Acción
#280 en Thriller
#92 en Suspenso
doblevida secretos, suspenso psicológico, thriller de accion
Editado: 06.01.2026