Código de Sangre: El Regreso de Aria

Capítulo 7: La Alianza de los Espectros

Capítulo 7: La Alianza de los Espectros

Confiar en otro Código es como abrazar un cuchillo: sabes que te cortará, la única pregunta es cuándo y qué tan profundo.

​La tensión en la cabaña era tan densa que el aire parecía vibrar. Aria mantenía su pistola fija en el centro de la frente del Código 4, cuyo nombre real, el que Chimera intentó borrar, era Sora. Detrás de Aria, su familia era un cúmulo de respiraciones agitadas. Leo miraba a Sora con una mezcla de fascinación y terror; sus padres, Thomas y Elena, simplemente parecían haber envejecido diez años en una noche.

​—Baja el hierro, 01 —dijo Sora, sin que un solo músculo de su rostro se moviera—. Si quisiera matarlos, habría volado la cabaña en cuanto el SUV entró en el perímetro sísmico. Sabes que prefiero la eficiencia al espectáculo.

​—Sé que prefieres ganar, Sora. Y ahora mismo, Chimera tiene las de ganar —replicó Aria, aunque bajó el arma un centímetro. No la guardó—. ¿Por qué traicionar al Director ahora?

​—Porque el Director ha empezado a purgar los archivos —respondió Sora, lanzando la tableta táctica sobre la mesa de madera—. Descubrí que los "Códigos" tenemos fecha de caducidad. En cuanto el nuevo prototipo, el Código 0, esté operativo, nosotros somos basura informática. Yo no soy basura, Aria. Soy una arquitecta de sistemas.

​El Perímetro de Sangre

​Sora deslizó un dedo por la pantalla de su tableta, proyectando un mapa holográfico de la montaña sobre la mesa. Tres puntos rojos avanzaban con una velocidad inquietante desde el noreste.

​—Código 2 (Fuerza Bruta) y Código 3 (Infiltración) —explicó Sora—. El Código 2 trae un equipo de asalto pesado. El 3... bueno, ya sabes que el 3 puede estar ya dentro de esta habitación y no lo sabríamos hasta que nos corte la lengua.

​Aria sintió un escalofrío. El Código 3 era un espectro, un experto en camuflaje óptico y movimientos silenciosos.

​—Leo, toma esto —Aria le entregó una escopeta de corredera que sacó de un compartimento oculto bajo el suelo—. Solo dispara si algo atraviesa esa puerta y no soy yo o Sora. Papá, mamá, al sótano reforzado. Ahora.

​—No voy a dejarte sola —dijo Elena, con una valentía que Aria no esperaba.

​—No estás ayudando, mamá. Estás siendo un blanco —cortó Aria con una frialdad que dolió más que una bala—. Al sótano. Leo, vigila la entrada trasera.

​Trampas de Ingenio y Acero

​Con los civiles protegidos (o apartados), Aria y Sora se movieron con la sincronía de dos máquinas bien aceitadas. Sora hackeó el sistema eléctrico de la cabaña, invirtiendo la polaridad de las cerraduras para convertirlas en electroimanes capaces de triturar huesos. Aria, por su parte, preparó "regalos" tácticos: hilos de monofilamento a la altura del cuello en los pasillos oscuros y granadas de fragmentación activadas por sensores de presión en los marcos de las ventanas.

​—¿Recuerdas el entrenamiento en Siberia? —preguntó Sora mientras instalaba un inhibidor de frecuencias en la chimenea.

​—Recuerdo que me disparaste en el hombro para "enseñarme" sobre la distracción —respondió Aria, cargando un rifle de asalto.

​—Te salvó la vida dos meses después en el Congo. De nada.

​El monitor de la tableta pitó. Los puntos rojos se habían detenido a 200 metros. El bosque se quedó en un silencio sepulcral, ese silencio que precede a la artillería.

​El Ataque de las Sombras

​De repente, las ventanas de la cabaña estallaron simultáneamente, pero no por balas, sino por granadas sónica que anularon el equilibrio de todos los presentes. Aria cayó de rodillas, con los oídos sangrando, pero sus instintos tomaron el mando.

​Una silueta maciza, vestida con un exoesqueleto táctico, derribó la puerta principal como si fuera de papel. Era el Código 2.

​—¡01! ¡Sal a jugar! —rugió, abriendo fuego con una ametralladora ligera.

​Aria rodó tras la barra de granito, devolviendo el fuego con ráfagas cortas y precisas que solo lograban arrancar chispas del blindaje del Código 2. Mientras tanto, en la parte trasera, Leo vio una sombra distorsionada, como un efecto de calor en el aire, moviéndose hacia él.

​—¿Aria? —susurró Leo, apuntando con la escopeta al vacío—. ¡Hay algo aquí!

​—¡Dispara al aire, Leo! ¡Es el 3! —gritó Aria mientras esquivaba una lluvia de escombros provocada por el Código 2.

​Leo disparó. El estruendo de la escopeta fue seguido por un gruñido. El perdigón había golpeado algo sólido. El camuflaje óptico del Código 3 parpadeó, revelando a un hombre delgado y pálido con cuchillos en ambas manos. Antes de que el 3 pudiera degollar a Leo, Sora activó una descarga eléctrica a través del suelo metálico de la cocina, paralizando al infiltrado el tiempo suficiente para que Leo saltara hacia atrás.

​La Decisión de Aria

​Aria sabía que no podían ganar una guerra de desgaste contra el blindaje del Código 2. Miró a Sora, quien estaba operando la tableta frenéticamente.

​—¡Sora, sobrecarga el generador! —ordenó Aria.

​—¡Nos volará a todos, 01!

​—¡Hazlo! ¡Yo me encargo del 2!

​Aria corrió directamente hacia el gigante blindado. El Código 2 soltó su arma y la agarró por el cuello, levantándola del suelo con una sola mano.

​—El Director dice que eres especial, pero tu cuello se rompe igual que el de los demás —gruñó el Código 2.

​Aria sonrió, aunque le faltaba el aire. Con un movimiento rápido, clavó una pequeña jeringa de pulso electromagnético (EMP) directamente en la unión del casco y la armadura del pecho. Los circuitos del exoesqueleto estallaron en chispas azules, bloqueando las articulaciones del Código 2 y dejándolo atrapado dentro de su propia armadura como en una sarcófago de hierro.

​—El problema de las máquinas —dijo Aria, soltándose de su agarre— es que necesitan energía.

​El Final del Asalto

​El Código 3, recuperado de la descarga, intentó huir hacia el bosque, pero Sora activó las minas perimetrales que Aria había colocado. Una explosión de fuego iluminó la noche, y el silencio volvió a la montaña, solo interrumpido por el crepitar de las llamas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.