Código de Sangre: El Regreso de Aria

Capítulo 9: El Despertar del Hidra

Capítulo 9: El Despertar del Hidra

Creer que puedes matar a una organización cortando una sola cabeza es el error de un principiante. Chimera no es un edificio; es una red neuronal, y yo solo acabo de quemar un nervio.

​El rascacielos de Chimera vibraba bajo los pies de Aria, pero no era la vibración de una explosión final. Era el zumbido de una evacuación masiva de datos. Mientras Aria mantenía al Director contra el escritorio de obsidiana, vio algo en las pantallas que le heló la sangre: Protocolo Dispersión: Fase 1 Iniciada.

​—¿Crees que este edificio es el centro de nuestro mundo? —el Director escupió sangre, riendo entre dientes—. Solo es la oficina de relaciones públicas, 01. Los verdaderos "Padres" ni siquiera saben que existo. Soy prescindible. Tú eres prescindible.

​Aria apretó el cañón de la pistola contra su mandíbula.

—¿A qué te refieres con "Dispersión"?

​—Si yo caigo, las identidades de tu familia se envían a todos los mercados de la Dark Web como objetivos prioritarios —susurró el Director—. El mundo entero se convertirá en un campo de caza para ti. No hay lugar donde esconderlos.

​La Intervención del Código 0.1

​La niña blanca, Luna, se quedó paralizada en medio del despacho. De repente, su cuerpo sufrió una sacudida eléctrica. Sus ojos, antes vacíos, se tornaron de un rojo digital brillante.

​—Sora, ¡Luna está sufriendo un reinicio remoto! —gritó Aria por el comunicador.

​—¡Aria, sal de ahí! —la voz de Sora sonaba desesperada entre estática—. No hackeé los servidores principales... ¡me dejaron entrar! Era un señuelo. ¡Hay una señal de alta frecuencia viniendo desde un satélite que no está en mis registros!

​Luna soltó un grito inhumano y arremetió contra Aria con una fuerza triplicada. Ya no era una niña confundida; era una terminal de combate controlada remotamente por alguien a miles de kilómetros. Aria se vio obligada a soltar al Director para defenderse de la pequeña ráfaga de golpes que ahora buscaban puntos vitales con precisión matemática.

​El Escape hacia el Abismo

​Aria comprendió que no podía ganar esta batalla en el piso 42. Agarró a Luna por el traje táctico y, usando una carga de demolición pequeña, voló el ventanal de cristal reforzado.

​—¡Sora, necesito el muelle de carga despejado YA! —Aria saltó al vacío, abrazada a la niña que intentaba apuñalarla en pleno vuelo.

​A pocos metros del suelo, un sistema de cables de emergencia de la fachada detuvo su caída bruscamente. Aria aterrizó en el muelle de carga justo cuando Leo disparaba la escopeta contra dos guardias que intentaban flanquear el SUV.

​—¡Subid! ¡Subid todos! —Aria lanzó a la niña (ahora inconsciente tras un golpe preciso en su puerto neural) al asiento trasero.

​Leo arrancó el motor. El SUV salió del edificio justo cuando una serie de explosiones controladas —no causadas por Aria, sino por la propia Chimera para borrar evidencias— reducían los niveles inferiores a escombros.

​La Verdad en la Carretera

​Mientras se alejaban de la ciudad, Aria revisó el pulso de Luna. La niña estaba en coma inducido por el sistema.

​—Aria, ¿qué ha pasado ahí arriba? —preguntó Thomas, su padre, mirando el resplandor del incendio por la ventanilla—. Dijiste que se terminaría.

​—Mentí —dijo Aria, su voz más dura que nunca—. Solo acabamos de tocar la superficie. Chimera es una hidra. Ese hombre... el Director... era solo un encargado de nivel medio.

​Sora apareció en el canal de audio del coche, su voz temblando por primera vez.

Aria... acabo de recibir un paquete de datos cifrado que se activó con la caída del servidor. No es solo una lista de objetivos. Es un mapa. Hay instalaciones como esta en otras doce ciudades. Y hay más "Códigos". Muchos más.

​El Nuevo Tablero

​Aria miró el horizonte. Sabía que no podrían volver a la mansión, ni a la cabaña, ni a ninguna vida que conocieran. Para llegar al Capítulo 100, para destruir verdaderamente a Chimera, tendría que cazar a cada uno de los "Padres" de la organización.

​—Leo —dijo Aria, mirándolo fijamente—, ¿recuerdas lo que te dije sobre no empuñar un arma?

​—Sí.

​—Olvídalo. Mañana empezamos tu entrenamiento. Si vamos a sobrevivir a los próximos meses, necesito que dejes de ser Leo Vance y te conviertas en algo más.

​Leo asintió, apretando el volante con fuerza. En el asiento de atrás, la pequeña Luna abrió un ojo. Ya no era rojo, pero tampoco era humano. Era algo nuevo. Algo que Aria tendría que aprender a controlar o a destruir.

​El Mensaje de la Sombra

​De repente, la radio del coche se encendió sola. No era música. Era una voz distorsionada, elegante y antigua.

​—Código 1... felicidades por tu ascenso. Has destruido una sucursal ineficiente. El Consejo de la Hidra te agradece el servicio de limpieza. Ahora, veamos cuánto tiempo puedes mantener con vida a esos civiles antes de que el Código 11, el 12 y el 13 te alcancen. El juego apenas ha comenzado.

​Aria apagó la radio con un golpe. Miró el GPS. Ya no marcaba una ruta de escape. Marcaba una ruta de guerra.

​—Próxima parada: Ciudad de México —dijo Aria—. Allí está la base de datos de los suministros químicos de Chimera. Si no podemos matarlos a todos a la vez, les quitaremos el aire que respiran.

​El capítulo termina con el SUV desapareciendo en la oscuridad de la carretera, perseguido no por coches, sino por drones invisibles que observan desde la estratosfera. El camino hacia el final es largo, y la sangre apenas ha empezado a correr.




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