El silencio no es la ausencia de sonido. Es la espera del ruido que sabes que te va a destruir.
San Luis Potosí se extendía ante ellos como un laberinto de luces de neón y callejones húmedos. Aria guiaba a su familia hacia un motel de paso llamado "El Descanso", un lugar donde las preguntas se compraban con billetes arrugados y nadie miraba a los ojos. Su rostro seguía inflamado, una máscara de guerra que asustaba a los transeúntes, pero eso le servía: nadie se atrevía a fijarse demasiado en el grupo.
—Leo, escucha —Aria lo acorraló en el pasillo estrecho de la segunda planta, lejos de los oídos de sus padres—. Voy a salir. Morfeo está emitiendo desde un nodo local, probablemente el centro de conmutación de fibra óptica de la zona norte. Necesito rastrear el origen de la señal de "ghosting".
—No puedes dejarnos aquí —susurró Leo, apretando el arma oculta bajo su chaqueta—. Mamá está al borde de un colapso y Luna... Luna está actuando de forma extraña.
Aria miró hacia la habitación. Luna estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas, mirando una televisión que solo mostraba estática. Sus labios se movían sin emitir sonido.
—Por eso mismo tengo que irme —dijo Aria—. Si Morfeo sigue controlando su frecuencia, Luna se convertirá en una bomba de relojería. Cuídalos, Leo. Si no vuelvo en tres horas, toma el dinero del doble fondo de la mochila y muévete hacia el sur. No busques mi rastro.
El Centro de Datos: El Altar de MorfeoAria se infiltró en el centro de datos local escalando por los conductos de refrigeración. El aire allí dentro era helado, diseñado para mantener fríos los servidores que procesaban los secretos de toda la ciudad.
Conectó su tableta directamente al núcleo del sistema. Sora, desde su ubicación remota, empezó a descifrar las capas de encriptación.
—Aria, ten cuidado —advirtió Sora—. La señal de Morfeo no está entrando desde fuera. Está siendo generada por un protocolo que reconoce tu firma biométrica. Es como si el sistema te estuviera esperando.
—Rastréalo, Sora. No me des advertencias, dame una dirección.
—Viene de... ¿qué? Aria, la señal de origen es móvil. Y está a menos de cincuenta metros de tu posición actual. No, espera... se ha movido. Está en el motel.
El Huésped InvoluntarioEn el motel, Leo observaba a Luna. La niña había dejado de mover los labios. Ahora, sus ojos estaban fijos en él.
—Leo... —dijo Luna. Su voz no era la de una niña. Tenía la cadencia perfecta y pausada de Morfeo—. ¿Sabes por qué Aria no te deja ver sus cicatrices? No es por vergüenza. Es porque cada cicatriz tiene una fecha. Y hay una que coincide con el día que tu empresa de logística sufrió aquel "robo" que casi te lleva a la quiebra.
—Cállate —dijo Leo, retrocediendo hacia la puerta donde sus padres dormían.
—Aria no te salvó, Leo. Aria fue la que ejecutó el sabotaje para que Chimera pudiera comprar tus deudas. Ella te rompió para poder "rescatarte" después. Es el ciclo del héroe... o de la sociópata.
Luna se levantó. Sus movimientos eran fluidos, calculados. Se acercó a la ventana y, con un movimiento rápido, rompió el cristal. No intentó huir. Tomó un pedazo de vidrio y empezó a dibujar símbolos en la pared.
El Enfrentamiento en las SombrasAria regresaba al motel a toda velocidad cuando vio una camioneta negra aparcada a la vuelta de la esquina. Un hombre con auriculares tácticos y un portátil militar estaba sentado en el asiento del copiloto.
—Morfeo —susurró Aria.
No perdió tiempo. Se lanzó contra la ventana del vehículo, rompiéndola con el codo y sacando al hombre hacia el asfalto. Pero al quitarle la capucha, no encontró al verdugo de Chimera. Encontró a un hombre joven, aterrorizado, con cables pegados a sus sienes.
—Él... él me obligó... —balbuceó el joven—. Solo soy un repetidor... Él está en mi cabeza... ¡Él está en todos lados!
Aria comprendió la verdad con un golpe de pavor. Morfeo no era una persona física en el lugar; era un virus de red que utilizaba a personas con implantes neurales o dispositivos móviles como nodos de transmisión.
El Grito de LunaUn grito desgarrador resonó desde la habitación del motel. Aria corrió hacia arriba, derribando la puerta.
Encontró a Leo apuntando a Luna, quien estaba subida al marco de la ventana, con los ojos completamente blancos. El dibujo en la pared era un mapa de la red neuronal de Aria, con un punto rojo parpadeando en el centro: su propio corazón.
—El experimento ha concluido —dijo Luna, pero la voz salía de todos los teléfonos de la habitación al mismo tiempo—. Sujeto 01, has demostrado que el vínculo familiar es tu mayor debilidad táctica. Ahora, vamos a ver cómo reaccionas ante la pérdida.
Luna saltó por la ventana.
—¡LUNA! —gritó Aria, lanzándose tras ella.
La niña aterrizó con una voltereta perfecta y corrió hacia la oscuridad de un callejón. Antes de que Aria pudiera seguirla, tres hombres armados con trajes de supresión de sonido emergieron de las sombras, bloqueándole el paso. Eran los guardaespaldas físicos de Morfeo.
Aria se detuvo, mirando hacia donde Luna había desaparecido. Su familia estaba a salvo en la habitación, pero el arma más peligrosa de Chimera acababa de ser "secuestrada" por su propio sistema operativo.
—Leo, quédate con ellos —dijo Aria, sin mirar atrás—. Morfeo acaba de cometer su último error. Se ha llevado a la única persona que me hacía dudar.
El capítulo termina con Aria sacando dos cuchillos tácticos de sus botas. Sus ojos, antes llenos de preocupación por su familia, ahora solo reflejaban la fría y absoluta oscuridad del Código 1. La caza de Morfeo ya no era una defensa. Era una ejecución.
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Editado: 24.01.2026