El perdón no es un sentimiento; es una transacción. Y en mi mundo, la única moneda que aceptan los demonios es la vida.
El estruendo de las hélices del dron de Morfeo cortaba el aire como una sierra eléctrica. Aria se movía en un zigzag frenético, esquivando las ráfagas de ametralladora que levantaban nubes de tierra y astillas de caña. A cien metros, Morfeo permanecía impasible, con los dedos moviéndose en el aire como si tocara un piano invisible, controlando cada ráfaga con su mente conectada a la red.
—No puedes ganar, 01 —la voz de Morfeo resonaba desde el dron—. Tu padre ya me ha transferido las claves de acceso de tu "Caja de Seguridad". Me habéis dado todo lo que necesitaba.
Aria sintió un latigazo de rabia. Miró hacia la maleza donde Thomas, Elena y Leo estaban agazapados. Thomas sostenía su teléfono, con el rostro bañado en lágrimas.
—¡Lo siento, Aria! —gritó Thomas—. ¡Dijo que si le daba las claves nos dejaría ir! ¡Solo quería que esto terminara!
El Error del CobardeThomas Vance, el hombre que había cobrado por la vida de su hija durante quince años, creyó en la palabra de un monstruo. En cuanto la transferencia de datos terminó, el dron de Morfeo giró su cañón. No hacia Aria, sino hacia el grupo oculto en la caña.
—Gracias por los datos, Thomas —dijo Morfeo—. Pero los testigos son ineficientes.
El dron abrió fuego.
—¡NO! —Aria se lanzó en un salto desesperado, pero estaba demasiado lejos.
En un acto impulsivo de terror y culpa, Thomas se puso en pie y se lanzó sobre Elena y Leo, cubriéndolos con su propio cuerpo. El impacto de las balas de 5.56mm no sonó como en las películas; fue un sonido sordo, como golpes de hacha sobre madera mojada.
Thomas Vance cayó al suelo, su espalda destrozada, pero su esposa e hijo permanecieron ilesos bajo él.
La Furia del Código 1El sacrificio de su padre compró a Aria los tres segundos que necesitaba. Mientras el dron recalibraba su puntería, Aria lanzó su cuchillo táctico con una fuerza potenciada por la adrenalina. La hoja se clavó directamente en el rotor principal del dron, desequilibrándolo.
Aprovechando la caída del aparato, Aria corrió hacia Morfeo. El Código 12 intentó desenfundar una pistola, pero Aria le propinó una patada circular que le rompió el antebrazo. Antes de que pudiera gritar, ella lo tenía contra el suelo, con su rodilla presionando su tráquea y un trozo de cristal del dron apoyado en su ojo sano.
—Dame la ubicación del Leviatán —gruñó Aria. Su rostro desfigurado estaba a milímetros del de él—. Ahora, o te haré vivir en un bucle de dolor neural hasta que tu cerebro se derrita.
Morfeo, sintiendo la punta del cristal, activó su interfaz.
—Está... en las coordenadas 19.4326, -96.1332... a doce millas de la costa... El abordaje es imposible... tienen defensa de punto...
Aria le arrebató la interfaz de la sien con un tirón brutal, dejándolo inconsciente en el asfalto.
El Último AlientoCorrió hacia donde su padre yacía. Leo estaba de rodillas, intentando inútilmente presionar las heridas de Thomas. Elena estaba en estado de shock, acariciando la mano de su esposo.
Thomas abrió los ojos, empañados por la sangre. Miró a Aria, no con el miedo de los últimos días, sino con una lucidez trágica.
—Aria... el dinero... —susurró con esfuerzo—. Está en... la cuenta de ahorros de Leo... la contraseña... es tu fecha de nacimiento... la real... no la que ellos te dieron. Úsalo... para comprar un ejército. Mátalos a todos.
—Papá, no hables —dijo Aria, aunque sabía que el daño era terminal.
—Fui un cobarde, hija... —Thomas tosió sangre—. Pensé que el dinero... era tu vida. Resulta que... tu vida era lo único que el dinero no podía comprar.
Thomas Vance exhaló su último suspiro en medio de un campo de caña mexicano, redimiendo quince años de traición con un último acto de paternidad.
El Rumbo al LeviatánLeo se levantó. Sus ojos, antes llenos de la inocencia de un hombre de negocios, ahora tenían el mismo brillo gélido que los de Aria. Se limpió la sangre de su padre en los pantalones y miró hacia el horizonte, donde el mar esperaba.
—Él tenía razón —dijo Leo—. Tenemos dinero. Tenemos la ubicación. Y tengo a la mejor maestra de asesinos del mundo.
Luna se acercó a ellos, saliendo de las sombras. Llevaba en la mano el núcleo de memoria del dron de Morfeo.
—Puedo hackear su defensa de punto —dijo la niña con una voz monocorde—. Pero necesitaremos un barco rápido. Uno que no teman hundir.
Aria miró el cuerpo de su padre, luego a su madre rota y a su hermano transformado. La familia Vance había muerto en ese campo, pero algo mucho más peligroso había nacido: un comando de huérfanos con el presupuesto de una nación pequeña y una sed de venganza que solo el océano podría saciar.
—Sora —dijo Aria por el comunicador, mientras cargaba el cuerpo de su padre para darle un entierro digno—. Llama a tus contactos en el puerto de Veracruz. Dile a los piratas que el Código 1 busca transporte. Y diles que pagamos el triple.
El capítulo termina con el incendio del SUV iluminando la noche veracruzana. Aria camina hacia la costa, dejando atrás las cenizas de su pasado. El Leviatán cree que está seguro en alta mar, pero no saben que el monstruo más grande de la Hidra acaba de romper su correa.
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Editado: 24.01.2026