El enemigo de mi enemigo no es mi amigo. Es simplemente un arma que aún no me ha apuntado al pecho.
La nieve caía con una violencia gélida sobre un pequeño aeródromo privado en las afueras de Innsbruck, Austria. Aria, envuelta en un abrigo táctico gris, observaba el horizonte mientras Leo y Luna descargaban cajas de equipo pesado de un jet privado alquilado con los fondos de la cuenta "Vance & Associates".
—No podemos entrar solos en El Panteón, Aria —dijo Luna, cuyos ojos parecían procesar el entorno a una velocidad que ningún humano podría igualar—. La seguridad perimetral no es humana. Son drones de respuesta autónoma clase "Keres". Necesitamos a alguien que conozca los puntos ciegos físicos, no solo los digitales.
—Lo sé —respondió Aria, mirando su reloj—. Por eso estamos aquí. He citado a alguien que sobrevivió al mismo infierno que yo, pero que eligió un camino mucho más sangriento.
El Retorno del Código 2De la penumbra de un hangar abandonado surgió una figura imponente. Medía casi dos metros, vestía una armadura de polímero pesado y llevaba una escopeta automática colgada a la espalda como si fuera un juguete. Su rostro estaba surcado por cicatrices de metralla y le faltaba la mitad de la oreja izquierda.
Era Héctor, conocido en los registros de Chimera como el Código 2: El Yunque.
—01... —la voz de Héctor era un retumbar metálico—. La última vez que nos vimos, intentaste clavarme un destornillador en el cuello en la base de entrenamiento de los Andes.
—Y tú intentaste romperme la columna, Héctor —respondió Aria con una frialdad profesional—. Estamos a mano.
Héctor se detuvo a pocos metros, mirando a Leo y a Luna con desprecio.
—¿Traes a un civil y a una muñeca de porcelana para asaltar El Panteón? Estás desesperada, Aria. O te has vuelto blanda con la edad.
—Él es mi hermano, y ella es la razón por la que el Leviatán está en el fondo del mar —Aria dio un paso al frente, acortando la distancia—. Tenemos a Sora capturada allí dentro. Y tú quieres lo mismo que yo: los códigos de desactivación de los nanobots que tienes en el torrente sanguíneo. Si no los consigues, tu corazón se detendrá en seis meses por la calcificación que te implantó Arthur.
Héctor guardó silencio. Su respiración era pesada, un recordatorio de que su cuerpo mejorado era también su propia cuenta atrás.
El Pacto de Sangre—El Panteón está construido dentro de un glaciar —dijo Héctor, desplegando un mapa táctico sobre el capó de un vehículo—. El Consejo de Administración lo usa como su "Caja de Seguridad" final. Tienen a los mejores mercenarios de Europa y un sistema de defensa térmica que nos detectará antes de que toquemos la nieve.
—No si entramos por el conducto de ventilación térmica del reactor —intervino Luna, acercándose—. Si sincronizamos un pulso electromagnético de baja frecuencia con el ciclo de enfriamiento, tenemos una ventana de seis segundos para saltar.
Héctor miró a la niña con una nueva chispa de interés.
—¿Seis segundos? Si fallamos, acabaremos fritos por el vapor de plasma.
—Es mejor que morir de un infarto en un callejón, ¿no crees? —replicó Aria.
Entrenamiento en el LímitePasaron las siguientes doce horas en el hangar, coordinando el asalto. Aria entrenó a Leo en el uso de granadas de humo térmico, mientras Héctor revisaba las armas pesadas. Era una alianza frágil; el Código 2 era una fuerza de la naturaleza, pero su lealtad estaba ligada únicamente a su supervivencia.
—¿Confías en él? —le susurró Leo a Aria mientras limpiaba su fusil.
—Confío en su miedo a la muerte, Leo. En este mundo, eso es más sólido que cualquier promesa. Pero mantén tu arma cerca. Si Héctor ve una oportunidad de salvase solo a costa nuestra, la tomará.
El Salto al VacíoAl amanecer, despegaron en un helicóptero de carga modificado para operaciones de gran altitud. El macizo de los Alpes se alzaba ante ellos como una muralla de hielo y roca.
—¡Estamos sobre el objetivo! —gritó el piloto por el intercomunicador—. ¡Iniciando protocolo de descenso silencioso!
Aria se ajustó la máscara de oxígeno y miró a su equipo. Héctor ya estaba en el borde de la rampa, su presencia llenando el espacio con una ferocidad contenida. Luna estaba conectada a una tableta, sus dedos moviéndose en un baile frenético para suprimir las alarmas del glaciar.
—Si no salimos de esta —dijo Leo, mirando a su hermana—, me alegra haber pasado estos últimos meses contigo, Aria.
—No digas eso, Leo —Aria le puso una mano en el hombro—. Vamos a sacar a Sora de ese agujero y vamos a quemar el último rincón de la Hidra.
—¡AHORA! —rugió Héctor.
Los cuatro se lanzaron al vacío. El frío era como mil cuchillos atravesando sus trajes de salto. Caían hacia el blanco infinito del glaciar, donde una pequeña fisura de vapor señalaba la entrada al Panteón.
Justo antes de abrir los paracaídas de apertura baja, Luna gritó por el comunicador:
—¡Aria, detecto una señal! ¡No nos están esperando... ya están luchando dentro! ¡Alguien más ha atacado El Panteón antes que nosotros!
El capítulo termina con los cuatro aterrizando violentamente en la superficie del glaciar, rodeados por los restos humeantes de drones de Chimera que ya habían sido destruidos. Aria mira hacia la entrada de la base y ve una marca pintada en la nieve con sangre fresca: un círculo cruzado por una línea. El símbolo del Código 0.
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Editado: 16.02.2026