Código de Sangre: El Regreso de Aria

Capítulo 26: El Eco del Glaciar

​Capítulo 26: El Eco del Glaciar

La libertad es un músculo que se atrofia si no se usa. Y después de una vida encadenada, aprender a caminar sin sentir el peso del grillete es la batalla más difícil de todas.

Un año después.

Ubicación: Tierras Altas de Escocia.

​La niebla se arrastraba sobre el lago Ness, ocultando la pequeña casa de piedra que servía de hogar a lo que quedaba de la familia Vance. No era Islandia; el frío ártico había sido un buen refugio para sanar, pero Escocia ofrecía algo mejor: el anonimato entre la multitud de excursionistas y el verde que Aria tanto había extrañado en los laboratorios estériles de Chimera.

​Aria Vance caminaba por el sendero hacia la casa, cargando una cesta con provisiones. Su rostro se había suavizado; las cicatrices seguían ahí, pero ya no eran lo primero que alguien notaba al verla. Lo primero era su mirada, que ya no buscaba amenazas en cada sombra, sino que simplemente observaba el mundo.

​El Nuevo Rol de Leo y Maya

​Al llegar al porche, vio a Leo y a Maya (la clon) entrenando. Pero no era un entrenamiento de asesinos. Leo estaba enseñando a Maya a leer un mapa topográfico antiguo.

​—Si te pierdes en los páramos, no confíes en el GPS, Maya —decía Leo con una paciencia que habría sorprendido a su antiguo yo ejecutivo—. Aprende a leer el musgo, el viento y la inclinación del terreno.

​Maya levantó la vista y sonrió a Aria. Había desarrollado su propia personalidad; era más curiosa que Aria, menos cínica. Vestía jerséis de lana y botas de montaña, pareciendo una hermana menor que nunca existió.

​—¿Has traído el té que le gusta a Sora? —preguntó Maya.

​—Y las medicinas de Héctor —respondió Aria, entrando en la casa.

​El Guardián de Hierro

​En el salón, Héctor estaba sentado frente a la chimenea. Su cuerpo ya no se convertía en piedra, pero los años de mejoras biológicas le habían pasado factura en forma de una artritis crónica. Aun así, seguía siendo "El Yunque". Trabajaba como artesano local, forjando cuchillos y herramientas que eran famosas en toda la región por su durabilidad.

​—Hay noticias en la red oscura, 01 —dijo Héctor, sin apartar la vista del fuego.

​Aria dejó la cesta y se acercó. Sora estaba en el rincón, rodeada de monitores. A diferencia de los demás, Sora nunca pudo dejar atrás la tecnología. Se había convertido en la "Vigilante del Vacío", asegurándose de que ningún resto de Chimera volviera a florecer.

​El Resurgimiento de las Sombras

​—Aria, mira esto —Sora señaló una pantalla que mostraba una serie de transacciones bancarias en Singapur—. Alguien está comprando los antiguos patentes de los nanobots de Arthur. No es una corporación. Es un grupo que se hace llamar "El Éxodo".

​—¿Creen que pueden reconstruir la Hidra? —preguntó Aria, sintiendo un antiguo escalofrío en la nuca.

​—No —respondió Sora—. Es peor. No quieren controlar el mundo. Quieren "limpiarlo". Están usando la base genética de los clones para crear un patógeno que solo afecte a personas con rasgos específicos. Están convirtiendo tu ADN, Aria, en un arma biológica de limpieza étnica.

​Aria cerró los ojos un momento. La paz había sido hermosa, pero sabía que era un préstamo, no un regalo.

​La Visita Inesperada

​Un golpe rítmico sonó en la puerta. No era el golpe de un vecino. Era un código: Tres cortos, uno largo. El código de emergencia de la vieja guardia de Chimera.

​Héctor se puso en pie con un gemido, su mano buscando la escopeta oculta bajo la mesa. Aria sacó su cuchillo táctico de la manga.

​Abrieron la puerta. En el umbral no había un soldado, sino una niña de unos diez años, vestida con un uniforme escolar impecable. Tenía el cabello rubio y unos ojos de un azul tan intenso que parecían brillar en la penumbra.

​—Mi nombre es Estela —dijo la niña con una calma aterradora—. He venido desde la instalación subacuática de Gibraltar. Tengo un mensaje de Luna.

​El Fantasma en la Red

​—¿Luna? —Leo se acercó, pálido—. Luna murió en el Panteón.

​—Luna vive en todas partes —corrigió la niña, entregándole a Aria un pequeño proyector holográfico—. Ella me envió para deciros que el "Código 0" no era el final. Era el cortafuegos. Y ahora que el cortafuegos no está, algo mucho más antiguo ha despertado en los servidores de la Antártida.

​El holograma se activó, mostrando una imagen granulada de Luna, pero ya no era una niña. Era una entidad de luz, una red neuronal consciente que parpadeaba con el ritmo de un corazón.

​—Aria... Leo... —la voz de Luna sonaba como un eco lejano—. Lo siento. La paz terminó. El Éxodo ha encontrado mi núcleo. Necesito que volváis a ser los monstruos una última vez. No por la Hidra, sino por los que aún son humanos.

​El Regreso de la Sombra

​Aria miró a su familia. Miró a Maya, que representaba su inocencia recuperada. Miró a Leo, que representaba su humanidad. Y finalmente miró a Héctor y Sora, sus compañeros de armas.

​—Maya, quédate aquí con Elena —ordenó Aria, su voz recuperando el tono de mando del Código 1—. Leo, prepara el equipo de nieve. Héctor, saca los juguetes pesados del sótano.

​—¿A dónde vamos? —preguntó Leo, aunque ya sabía la respuesta.

​Aria se ajustó la funda del cuchillo en el muslo y miró hacia el lago, donde la niebla empezaba a disiparse, revelando un helicóptero negro sin insignias que descendía lentamente hacia su propiedad.

​—Vamos a terminar lo que empezamos en el Amazonas —dijo Aria—. Vamos a matar al último dios de la Hidra.

​El capítulo termina con Aria Vance caminando hacia el helicóptero, dejando atrás la casa de piedra y la paz efímera. La Temporada 2 de su vida comenzaba ahora, y esta vez, el enemigo no era un hombre, sino el legado de su propia sangre convertido en un apocalipsis global.




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