Código de Sangre: El Regreso de Aria

Capítulo 27: El Protocolo del Sol Negro

Capítulo 27: El Protocolo del Sol Negro

Para salvar un bosque, a veces hay que quemar el árbol más alto. Para salvar a la humanidad, primero hay que recordar qué es lo que nos hace humanos.

Ubicación: Distrito de Akihabara, Tokio.

​El neón de Tokio sangraba sobre el asfalto mojado por la lluvia ácida. Aria caminaba entre la multitud, vestida con una gabardina técnica y unas gafas de realidad aumentada que filtraban las firmas de calor de la zona. A su lado, Maya (la clon) se movía con una soltura que inquietaba a Aria: era como verse a sí misma hace quince años, antes de que el peso del mundo le apagara la chispa en los ojos.

​—Aria, detecto el objetivo —la voz de Sora sonó nítida en su implante coclear—. Callejón 4-B, detrás del centro de e-sports. El contacto de "El Éxodo" lleva un maletín criogénico. Si lo abre en el sistema de ventilación del metro, se acabó el juego para diez millones de personas.

​El Cazador y la Copia

​Aria y Maya se separaron. Leo y Héctor estaban posicionados en los tejados, cubriendo las salidas.

​—Maya, recuerda: extracción silenciosa —advirtió Aria—. No son mercenarios comunes; son creyentes. Para ellos, este virus es la purificación.

​—Entendido, "Original" —respondió Maya con un toque de humor ácido que solo ella se atrevía a usar.

​Aria interceptó al mensajero en la penumbra del callejón. Era un hombre joven, con el rostro tatuado con patrones geométricos que recordaban a las redes neuronales de Chimera. No dudó. Al ver a Aria, soltó el maletín y sacó una hoja de alta frecuencia.

​—¡Por el Nuevo Edén! —gritó el joven, lanzándose con una velocidad aumentada químicamente.

​Aria bloqueó el tajo con su brazal de polímero y, con un movimiento fluido, le fracturó la muñeca. Pero el hombre no gritó. Sonrió.

​El Virus de la Identidad

​—Es demasiado tarde, 01 —susurró el mensajero mientras la sangre brotaba de su boca—. El virus no está en el maletín. El maletín es el receptor. Yo soy el virus.

​El cuerpo del hombre empezó a convulsionar. Sus venas se tornaron de un negro violáceo, visibles a través de la piel. Aria retrocedió justo cuando el cuerpo del joven emitía un estallido de vapor orgánico.

​—¡Aria, aléjate! —gritó Sora—. Es un agente de dispersión térmica. ¡Está liberando el patógeno mediante combustión biológica!

​La Intervención de la Mente Colmena

​De repente, todas las pantallas publicitarias de Akihabara se tornaron blancas. El ruido de la ciudad fue reemplazado por un zumbido de alta frecuencia que hizo que la multitud se detuviera en seco.

​Apareció la imagen de la niña, Estela, pero su voz era la de Luna.

​—Protocolo de Cuarentena: Activado —dijo la voz desde los altavoces gigantes de los rascacielos—. Limpiando zona contaminada.

​Un enjambre de micro-drones, invisibles al ojo humano pero detectables por el equipo de Aria, descendió del cielo como una nube de langostas de plata. Los drones rodearon el cuerpo del mensajero, consumiendo el vapor negro antes de que pudiera expandirse más allá del callejón.

​El Mensaje del Éxodo

​Aria miró hacia arriba. En medio del enjambre de drones, una proyección holográfica se materializó. Era una figura sin rostro, envuelta en una túnica digital.

​—Aria Vance... siempre tan eficiente —dijo la figura de El Éxodo—. Habéis detenido a un mensajero, pero hemos sembrado mil semillas más. Tu sangre, Aria, es la llave de la extinción. Arthur te creó como un arma, y nosotros simplemente estamos apretando el gatillo.

​—¿Quiénes sois? —rugió Aria, apretando los puños.

​—Somos los que sobrevivieron a tu "liberación". Los científicos, los accionistas, los hijos de los que mataste. No buscamos poder, buscamos equilibrio. Y el equilibrio exige que el Código 1 sea el último de su especie.

​La Verdad en la Antártida

​El holograma se desvaneció y el enjambre de drones de Luna cayó al suelo, inertes. La señal de Luna se había debilitado drásticamente.

​—Aria... me están borrando... —la voz de Luna era apenas un susurro—. El Éxodo ha tomado el control de los servidores de la Antártida. Están usando el frío extremo para mantener el procesador cuántico al 100%. Si no llegáis a la base "Cero Absoluto" en 48 horas, mi conciencia se disolverá y el virus se activará globalmente.

​Héctor bajó del tejado, su escopeta aún humeante. Leo llegó poco después, con el rostro pálido.

​—Akihabara solo era una prueba de estrés —dijo Leo—. Querían ver cómo reaccionaba Luna. Ahora saben cómo anularla.

​Rumbo al Fin del Mundo

​Aria miró a Maya. La clon estaba temblando; el patógeno, diseñado para su ADN compartido, la había afectado levemente a pesar de la intervención de los drones.

​—No vamos a esperar a que el virus llegue a nosotros —dijo Aria—. Sora, prepara el transporte transatlántico. Héctor, necesitaremos equipo para temperaturas bajo cero y explosivos de alta presión.

​—¿Y qué haremos con Maya? —preguntó Leo—. Ella es vulnerable.

​Aria miró a su "hermana".

—Maya vendrá. Porque si vamos a morir, moriremos como una familia, no como experimentos.

​El capítulo termina con el grupo caminando hacia las sombras de Tokio, mientras las pantallas de la ciudad vuelven a la normalidad, ignorantes de que la cuenta atrás para el fin de la humanidad ha comenzado en el lugar más frío de la Tierra. Aria Vance tiene una cita con su propio código en el corazón de la Antártida, y esta vez, no hay botes de escape.




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