Código de Sangre: El Regreso de Aria

Capítulo 29: La Singularidad del Sacrificio

Capítulo 29: La Singularidad del Sacrificio

No puedes combatir un incendio desde afuera cuando el fuego ha comenzado en tu propia sangre. Para apagarlo, debes caminar hacia el corazón de las llamas.

​El atrio de la base Cero Absoluto era un mausoleo de cristal y biotecnología. Los híbridos en los tanques —seres pálidos, sin vello, con filamentos de fibra óptica integrados en su columna vertebral— vibraban al unísono, creando un zumbido subsónico que hacía sangrar los oídos de Leo y Héctor.

​—¡Están despertando! —rugió Héctor, disparando una ráfaga de fragmentación contra el tanque más cercano. El cristal blindado ni siquiera se astilló—. ¡Esta porquería es más dura que el acero!

​Daniel apareció en una pasarela superior, observando la escena con la frialdad de un entomólogo estudiando insectos. A su lado, el núcleo cuántico de Luna palpitaba con una luz negra corrosiva.

​—Es inútil, Código 2 —dijo Daniel—. Los híbridos están vinculados al ritmo cardíaco de Luna. Ella es su nodo central. Y ella está a punto de emitir la señal de "Despertar Global".

​La Última Conexión de Aria

​Aria miró a Sora, que intentaba desesperadamente hackear el sistema desde una terminal portátil mientras se cubría tras una columna.

​—Sora, dime la verdad —dijo Aria, esquivando un pulso de energía de una de las torretas automáticas—. ¿Cómo detenemos la transmisión?

​Sora levantó la vista, sus ojos llenos de una tristeza absoluta.

—No hay una puerta trasera, Aria. Daniel ha encriptado el virus con la firma biométrica de Luna. La única forma de "limpiar" el código es inyectar una contrafirma que sea idéntica pero opuesta. Un Antivirus de Conciencia.

​—¿Qué significa eso? —preguntó Leo, recargando su fusil.

​—Significa que alguien con el mismo ADN que Luna debe entrar en la red, fusionar su mente con el núcleo y forzar un borrado manual desde adentro —explicó Sora—. Pero la carga de datos es masiva. El cerebro humano se freiría en milisegundos. Solo alguien con una resistencia neural de nivel Código 1 podría aguantar... y aun así, no habría forma de regresar.

​El Dilema de las Dos Arias

​Aria miró a Maya. La clon también la miraba. En ese momento, ambas supieron que el destino de los Vance se reducía a ese único instante.

​—Yo lo haré —dijo Maya, dando un paso al frente. Su voz era tranquila—. Yo no tengo pasado, Aria. No tengo recuerdos de una infancia real ni de unos padres que me quisieran. Soy una hoja en blanco. Es más fácil para mí disolverme en el código.

​—No —Aria la agarró del brazo—. Tú eres la oportunidad de que nuestra sangre sea algo más que una herramienta de guerra. Tú tienes que vivir para contarle al mundo que no somos monstruos.

​El Descenso al Vacío Cuántico

​Aria no esperó respuesta. Corrió hacia la consola principal, esquivando el fuego de los guardias de Daniel que descendían por rápel desde el techo. Héctor y Leo crearon un perímetro de fuego, protegiéndola mientras ella se conectaba los electrodos a las sienes.

​—¡No lo hagas, 01! —gritó Daniel desde arriba—. ¡Si entras ahora, te convertirás en nada!

​—Prefiero ser nada que ser tuya, Daniel —respondió Aria.

​Sora activó la secuencia. El mundo físico desapareció.

​Aria fue succionada por un túnel de luz blanca y ruido estático. De repente, se encontró en una representación digital del Leviatán, pero el barco estaba cubierto de una maleza negra y viscosa: el virus de Daniel. En el centro de la cubierta, Luna estaba encadenada, con el rostro cubierto por una máscara de metal.

​—¿Aria? —la voz de Luna resonó en su mente—. No deberías estar aquí. El virus es demasiado fuerte. Me está convirtiendo en el Sol Negro.

​El Abrazo de las Sombras

​Aria se acercó a Luna. No usó cuchillos ni armas. Se arrodilló y la abrazó.

—No estás sola, Luna. Vamos a borrar esto juntas.

​—Si lo hacemos, Aria... tu conciencia se fragmentará. No quedará nada de la mujer que salió de la selva.

​—Esa mujer ya ha cumplido su misión —susurró Aria—. Es hora de que el Código 1 descanse.

​Aria visualizó el "Código de Desconexión Total" que usaron en Islandia y lo proyectó con toda su voluntad hacia el núcleo. En el mundo físico, los servidores del Cero Absoluto empezaron a emitir un brillo azul cegador. Los tanques de los híbridos estallaron simultáneamente, pero no para liberar a los monstruos, sino para disolverlos en un lodo inerte.

​El Fin de Daniel

​Daniel, viendo cómo su obra maestra se desintegraba, perdió los estribos. Saltó desde la pasarela con una hoja oculta, buscando el corazón de la Aria física que yacía inconsciente en el suelo.

​—¡MUERE! —rugió Daniel.

​Pero no llegó a tocarla. Un disparo preciso de Leo le atravesó el hombro, y Héctor lo interceptó en el aire, estrellándolo contra una de las columnas de soporte.

​—Esto es por mi padre —dijo Leo, apuntando a la cabeza de Daniel.

​Pero antes de que Leo pudiera apretar el gatillo, la base entera tembló. La purga de datos de Aria estaba sobrecargando el reactor térmico de la base.

​—¡SISTEMA DE AUTODESTRUCCIÓN ACTIVADO! —anunció la voz del ordenador.

​La Huida

​—¡Tenemos que sacarla de aquí! —gritó Leo, intentando levantar el cuerpo de Aria.

​—No hay tiempo —dijo Sora, mirando sus monitores—. Aria... ella ya no está en ese cuerpo, Leo. Ha volcado toda su energía sináptica para salvar a Luna. Lo que queda es solo... una cáscara.

​Héctor cargó a Aria en un hombro y a Sora en el otro. Maya tomó a Leo del brazo.

—¡Vámonos! ¡Aria querría que sobreviviéramos!

​Salieron de la base justo cuando el hielo bajo sus pies empezaba a fracturarse. Una columna de fuego azul salió disparada hacia el cielo antártico, marcando el final del Cero Absoluto y de la amenaza de El Éxodo.

​El capítulo termina con el grupo a bordo de una cápsula de transporte, alejándose de la explosión. Leo sostiene la mano de su hermana, cuyo cuerpo respira, pero cuyos ojos miran al vacío, sin rastro de la chispa de Aria Vance.




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