Codigo Mariposa- Ecos del tiempo

LAS FRACTURAS

Nyara no volvió a dormir.
Se quedó sentada frente a la computadora durante horas, mirando la pantalla como si el código fuera a moverse de nuevo en cualquier momento.
La línea seguía allí.
Recuerdo 1 desbloqueado.
Debajo, la ubicación.
Ciudad Cero — 1863.
Nyara pasó la mano por su rostro. Tenía la sensación de haber corrido durante kilómetros, aunque no se había movido de la silla.
—Esto no puede ser real —murmuró.
Pero lo había sentido.
El polvo en el aire.
El olor a humo.
La presión de la mano de Kael sujetando la suya.
Cerró los ojos un momento.
Lo recordaba demasiado bien para ser un sueño.
Cuando volvió a abrirlos, el sol empezaba a filtrarse entre las cortinas. La luz gris de la madrugada estaba desapareciendo lentamente.
Nyara miró el reloj digital sobre su escritorio.
06:17
Se levantó para ir a la cocina.
Cuando regresó con una taza de café caliente, el reloj marcaba otra vez:
06:14
Nyara frunció el ceño.
Miró la pantalla con atención.
Los segundos avanzaron con normalidad.
06:15
06:16
—Debí haber visto mal —dijo para sí misma.
Dejó la taza sobre el escritorio.
Entonces lo vio.
Una nota adhesiva pegada en el borde del monitor.
Nyara se quedó inmóvil.
No recordaba haberla puesto ahí.
La arrancó con cuidado.
La letra era suya.
Pero no recordaba haber escrito esas palabras.
“No confíes en los recuerdos después del tercero.”
Nyara sintió un escalofrío.
—¿Tercero… qué?
Volvió a mirar la pantalla.
El código seguía allí, inmutable.
Durante unos segundos consideró apagar la computadora.
Olvidarlo todo.
Pero algo dentro de ella no la dejó hacerlo.
En lugar de eso, abrió un archivo nuevo.
Sus dedos flotaron sobre el teclado.
Y entonces escribió algo sin pensarlo.
Proyecto_Mariposa_0.1
Nyara se quedó mirando esas palabras.
No sabía por qué las había escrito.
Pero algo en su mente las reconocía.
Como si hubieran estado esperando ser recordadas.
Respiró hondo y volvió a mirar el código que había aparecido durante la noche.
Había patrones.
Eso era lo primero que notaba ahora.
Las líneas no estaban colocadas al azar. Algunas se repetían formando estructuras matemáticas complejas.
Pero no eran simples algoritmos.
Parecían…
coordenadas.
Nyara tomó su cuaderno y empezó a copiarlas.
A medida que escribía, una sensación extraña comenzó a crecer detrás de sus ojos.
Una presión leve.
—Concéntrate —susurró.
La sexta línea de código tenía una estructura distinta.
Más larga.
Más compleja.
Cuando intentó descifrarla, algo cálido comenzó a deslizarse por su labio superior.
Nyara parpadeó.
Una gota de sangre cayó sobre la hoja.
Se llevó la mano a la nariz.
—Genial… —murmuró.
Se limpió rápidamente con una servilleta, pero no dejó de mirar el cuaderno.
Porque acababa de entender algo.
Eso no era un simple código.
Era un sistema.
Un sistema que parecía estar diseñado para…
activar recuerdos.
Nyara volvió a mirar la pantalla.
—¿Quién escribió esto?
El nombre apareció en su mente antes de que pudiera detenerlo.
Kael.
Sintió un estremecimiento.
—Pero dijiste que estabas… dentro.
El silencio de la habitación no respondió.
Nyara cerró el archivo por un momento y se recostó en la silla.
Intentó pensar con claridad.
Pero algo no encajaba.
Si Kael venía del futuro…
¿cómo podía haber estado en ese recuerdo de la guerra?
Y si todo eso era real…
¿por qué ella no recordaba nada?
El reloj digital emitió un pequeño sonido.
Nyara levantó la mirada.
06:12
Se quedó mirando el número varios segundos.
—No… —susurró.
Los segundos avanzaron.
06:13
06:14
Su corazón comenzó a latir más rápido.
—Esto ya pasó.
Se levantó de golpe.
Algo estaba mal.
Muy mal.
Salió al pasillo del edificio.
El lugar estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Bajó las escaleras y cruzó el vestíbulo.
El guardia nocturno estaba sentado detrás del escritorio, leyendo el periódico.
Nyara se detuvo.
El titular la dejó helada.
“Desaparición inexplicable de una joven investigadora.”
Debajo había una fotografía.
Era ella.
Nyara sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—Disculpe… —dijo con la voz temblorosa.
El guardia levantó la mirada.
—¿Sí?
Nyara señaló el periódico.
—¿Eso… cuándo ocurrió?
El hombre miró el titular con calma.
—Anoche.
Nyara sintió que su estómago se encogía.
—Pero… yo estoy aquí.
El guardia la observó con una expresión extraña.
—¿Está segura?
Nyara retrocedió un paso.
Algo dentro de su mente empezó a moverse.
Una sensación terrible.
Como si el mundo hubiera empezado a desplazarse ligeramente fuera de lugar.
Volvió a subir las escaleras corriendo.
Cuando entró a su apartamento, la computadora seguía encendida.
Pero el código había cambiado.
Había una nueva línea.
Nyara se acercó lentamente.
La leyó en voz baja.
“Recuerdo 2 en preparación.”
Debajo apareció otra frase.
Esta vez no era código.
Era un mensaje.
“No eres la primera que intenta detenerlo.”
Nyara sintió un frío recorrerle la espalda.
Porque debajo había una última línea.
Una advertencia.
“Pero podrías ser la última.”
La pantalla parpadeó.
Y por un instante… Nyara creyó ver el reflejo de Kael detrás de ella.



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En el texto hay: suenos, romance, ficcion

Editado: 04.04.2026

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