Código X 77

25-. X 78

JDM:

8 de Enero 2013 06:45 pm Nevada, Estados Unidos


Escuché algunos gritos provenientes del Ferrari, y justo cuando me disponía a ir e investigar, apareció Keeper chillando con desespero. En seguida, tomé el AK-103 y corrí en dirección al auto para ver lo que ocurría. Sin embargo, al observar la escena, sentí cómo se me formaba un nudo en la garganta.

En el asiento del conductor había un gran charco de sangre fresca, y para empeorar las cosas, unos metros más allá del vehículo, yacía el cuerpo inmóvil de Vanessa, quien tenía la garganta rasgada de lado a lado. Sin demasiadas esperanzas, me agaché junto a ella para tomarle el pulso y confirmé mis sospechas: estaba muerta. Acto seguido, me reincorporé, y al alzar la mirada, observé que una silueta humana se alejaba de nosotros a gran velocidad. ¡Era el clon! Y si mi instinto no se equivocaba, Freider iba con él.

Tan rápido como pude, subí al SK, a la vez que Ricardo, luego de un breve forcejeo con Robert, tomaba el Ferrari, y entonces procedimos a perseguir a X 77, basándonos en el rastro de sangre de nuestro compañero que, al parecer, no había podido parar la hemorragia. Sin embargo, para su buena suerte, el clon no podía dejarlo morir, de lo contrario perdería su única oportunidad de dejar de descomponerse.

El único problema era que, si tenían la oportunidad de estudiar el ADN de FJC, este ya no les sería útil; y eso solo podría significar que estaría bien jodido. Como si fuera poco, los científicos del Área 51 eran muy eficientes, y probablemente no les tomaría más que unas pocas horas obtener lo que necesitaban.

 

07:10 pm 8 de Enero 2013 Nevada, Estados Unidos


Finalmente, estacionamos a unos metros de una de las tantas entradas secretas del Área 51, y sentí cómo los recuerdos me invadían. Después de todo, este lugar había sido mi prisión por unos cuantos meses, allí fui utilizado como conejillo de indias y me vi obligado a cumplir misiones bajo orden de un fulano Kevinson. Ahora no solo era la oportunidad perfecta de vengarme por lo que me hicieron, sino que además tenía que salvar a mi amigo.

Mientras que los chicos se preparaban para entrar, mi mirada se posó en la caja de X 77, que yacía sobre el asiento trasero de mi auto, y la curiosidad me venció. De inmediato, corrí hacia ella, la saqué del vehículo, y ante la mirada atenta de todos, la abrí. Dentro se hallaban municiones para cada una de nuestras armas, granadas, una bazuca, e incluso una pequeña torreta portátil. También había una bolsa negra con un papel que ponía: ''Para Freider, un recuerdo de que siempre estaré un paso adelante''.

Decidí abrirla para revisar su contenido, y en seguida me arrepentí de haberlo hecho. Era una pata trasera de Titán, y eso solo podía significar que habían exhumado el cuerpo para llevar a cabo sus propósitos. ¿Revivirlo? ¿Experimentar? ¿O simplemente provocarnos? La verdad es que fuera como fuera, ese era el menor de nuestros problemas.

Repartimos las municiones equitativamente y le entregué la bazuca a Robert. Por otra parte, la torreta era para Victoria, que tenía bastante precisión cuando usaba armas rápidas. Luego, bajo mis indicaciones, entramos al lugar de forma sigilosa, y con cuidado de no ser vistos por nadie, seguimos el rastro de sangre. Este fue haciéndose más y más pequeño a medida que avanzábamos, hasta terminar en una estancia donde se hallaban los cadáveres de varios científicos.

A su vez, en el techo podía verse la mitad de una tubería sobresaliente, puesto que, al parecer, habían arrancado un trozo; y no tenía ninguna duda de quién había sido.

Escuchamos un gemido de rabia proveniente de la sala de al lado, seguido por fuertes pisadas que se acercaban a nuestra dirección, y entonces, cinco infectados aparecieron por la puerta. Sin embargo, estos no eran del tipo al que ya estábamos acostumbrados. Cada uno medía al menos tres metros de altura, y aunque se veían muy lentos, su fuerza física sí que era evidente.

De inmediato, Ricardo tomó su escopeta y comenzó a dispararles seguido de todos nosotros, a excepción de Victoria, que se escondía junto a Keeper en un rincón del cuarto. No obstante, era muy difícil dispararle a un objetivo tan alto, y solo alcanzábamos a darles en el pecho o el cuello. 

Al ver esto, me vino una idea a la cabeza, y con rapidez, me subí a uno de los estantes del laboratorio para apuntar mejor. Desde allí, comencé a dispararles en el cráneo y poco a poco, con ayuda de mis compañeros, fui acabando con los zombis. Sin embargo, cometí un pequeño error. Me confié.

No me di cuenta que el último de ellos seguía vivo, y antes de que pudiera hacer algo al respecto, se reincorporó para atacar. Debido a esto, me vi obligado a bajar del estante; el infectado lanzó un golpe que apenas pude esquivar, y aprovechando que había inclinado la cabeza hacia el frente, pude abatirlo.

Intercambié miradas con los chicos, y noté que estaban bastante nerviosos. Incluso Keeper no paraba de mirar a los lados y gruñir con desconfianza. Aunque lo más escalofriante era saber que apenas estábamos entrando y aún quedaba mucho por delante.




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