Porque ella decía en voz alta lo que él nunca se atrevió a pensar.
La amó sin tocarla.
La deseó sin pedirla.
La necesitó sin decirlo.
Y en ese silencio empezó la tragedia.
Comenzó a dibujarla sin darse cuenta. Al principio eran bocetos torpes, líneas inseguras, sombras que no sabían dónde quedarse.
Pero algo en esos dibujos latía.
Ella se dio cuenta.
—Me miras como si ya me extrañaras —dijo una vez, sonriendo.
Él no respondió.
Porque era verdad.
El miedo creció lento, como moho en las paredes del pensamiento.
Miedo a que se cansara.
Miedo a que alguien más la entendiera mejor.
Miedo a que un día dejara de hablarle.
<3