Así nació la idea.
No como un crimen.
Sino como una promesa torcida.
Si te quedas en el lienzo, no podrás irte.
La noche en que decidió hacerlo, el taller estaba en silencio absoluto.
Ella aceptó posar.
Siempre aceptaba.
—Solo un momento —le dijo—. Quiero recordarte así.
La luz era suave.
Demasiado.
Pintó con una devoción que rozaba la plegaria. Cada trazo era una despedida que no se atrevía a nombrar.
Las lágrimas comenzaron a caer antes de que él lo notara.
—¿Estás llorando? —preguntó ella.
Él asintió.
—Entonces pídeme que me quede —susurró.
Pero él no sabía pedir.
Solo sabía conservar.
<3