Ella obedeció. Como siempre había obedecido a la tristeza.
Su pintura fue distinta a las demás. No mostraba muerte. Mostraba abandono.
Desde ese día, él dejó de poder sostener la mirada de las personas. Comenzó a hablar mirando el suelo, como si temiera prometer algo con los ojos abiertos.
Colocó el cuadro en una pared apartada. No soportaba sentir que ella aún lo escuchaba.
Y esa noche, por primera vez, soñó que una de sus obras respiraba.
La biblioteca en Booknet es una lista útil de libros, donde puede:
guardar sus libros favoritos
ver fácilmente las actualizaciones de todos los libros de la biblioteca
estar al tanto de las nuevas reseñas en los libros
Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.