—No tienes que hacer esto —le dijo una noche—. El amor no se conserva así.
Él no respondió.
Porque nadie que esté cayendo quiere escuchar sobre el suelo.
Aun así, la dejó entrar al taller.
Pensó que quizá… quizá ella sería diferente.
Ella observó las esculturas con tristeza profunda.
—No te pertenecen —susurró—. Siguen siendo ellas.
Eso fue lo primero que lo enfureció.
Lo segundo fue que tuviera razón.
Cuando posó, no obedeció del todo. Se movía, respiraba hondo, abría los ojos. No quería ser detenida en un instante falso.
—Mírame —le pidió—. No me conviertas en algo que no soy.
Pintarla fue imposible.
Cada vez que intentaba atraparla, el lienzo se sentía vacío.
Ella no encajaba en su forma de amar.
<3