Durante las sesiones, se movía demasiado.
Preguntaba demasiado.
Miraba alrededor como si contara salidas.
—¿Por qué todas te miran así? —preguntó señalando los cuadros.
Él no respondió.
Esa noche, mientras él mezclaba colores, ella tocó una escultura.
Sintió el frío antinatural de la piel detenida.
Retiró la mano de golpe.
—Esto no está bien —dijo—.
Esto no es arte.
La palabra no resonó en el taller como un golpe seco.
Él nunca había sabido qué hacer con la negativa.
Ella retrocedió.
Por primera vez, alguien quiso irse antes.
—Déjame ir —pidió—. No voy a decir nada.
<3