Ella sí se fue.
Cruzó la puerta sin mirar atrás, respiró aire nuevo, prometió no regresar jamás.
Pero la culpa tiene memoria.
Volvió semanas después, con ojeras profundas y una tristeza que no era suya. Dijo que no dormía, que soñaba con rostros que no conocía, que sentía una presión constante en el pecho, como si alguien la llamara sin voz.
—Creo que dejé algo aquí —murmuró.
Él supo entonces que algunas personas no regresan por amor,
sino por remordimiento.
La recibió en silencio. El taller estaba más lleno, más oscuro. Las paredes parecían inclinarse hacia adentro, como si escucharan. Ella evitó mirar las esculturas.
—Debería haber dicho algo —dijo—.
Cuando sentí que algo estaba mal.
<3