Sin luz de regreso
Ella no lo miró como a un hombre.
Lo miró como a una respuesta.
Llegó a la galería con los ojos brillantes, temblando de emoción. Reconoció cada obra como si fueran confesiones personales dirigidas solo a ella. Lloró sin vergüenza, sonrió entre lágrimas.
—Usted entiende —dijo—. Nadie más entiende así.
Él sintió algo nuevo.
No amor.
No miedo.
Poder.
Ella hablaba de él como si fuera inevitable. Como si su arte no fuera una elección, sino un destino. Decía que había nacido para sentir lo que otros no soportaban, para cargar emociones ajenas.
—Es un don —insistía—. Un sacrificio.
La dejó entrar al taller sin resistencia. Por primera vez, no hubo ritual, solo certeza. Ella posó con orgullo, erguida, como si fuera un honor.
—Quiero quedarme contigo —dijo—. De la forma que sea.
<3