Porque admirar es querer poseer lo que uno cree incompleto en sí mismo.
—Tú haces lo que yo no me atreví —dijo el hombre una noche—.
Detener las cosas antes de que se rompan.
Él no lo corrigió.
Posó de pie, sin dramatismo, sin entrega emocional. No había súplica, ni miedo, ni promesa. Solo una aceptación serena, casi profesional.
Pintarlo fue como diseccionarse.
Cada trazo era una pregunta sobre sí mismo.
Cada sombra, una posibilidad que nunca eligió.
Cuando llegó el final, no hubo palabras.
Solo una mirada larga, cargada de entendimiento.
El retrato fue el más inquietante hasta entonces:
un hombre sin emoción evidente, con los ojos demasiado conscientes, como si supiera exactamente dónde estaba… y aun así se quedara.
Desde ese día, él empezó a odiar los espejos.
No soportaba la idea de verse sin marco.
<3