El retrato fue distinto a todos:
un rostro incompleto, como si parte de él ya no necesitara ser representado.
La emoción era densa, contenida, casi corporal.
Desde esa noche, algo cambió en su forma de crear.
Las obras comenzaron a sentirse más cercanas.
Más íntimas.
Como si respiraran con él.
Empezó a decirlo en voz baja, frente a las paredes llenas:
—Ahora sí estás conmigo.
Y entendió algo terrible, algo definitivo:
El arte ya no era suficiente.
La memoria ya no bastaba.
Ahora necesitaba que quienes amaba
vivieran dentro de él,
aunque fuera de la única forma que conocía.
<3