Ahora con ella.
Ella entró con la cabeza baja.
No miró los cuadros.
No miró a él.
—No me gusta que me observen —dijo—. Siento que, cuando lo hacen, dejo de existir como quiero.
Eso lo atrapó de inmediato.
Nunca había conocido a alguien que deseara desaparecer con conciencia. Las otras querían quedarse, ser únicas, ser recordadas. Ella no. Ella quería borrarse con delicadeza, como si el mundo le pesara demasiado.
Hablaba poco. Cuando lo hacía, elegía palabras pequeñas. Decía que había pasado la vida escondiéndose en gestos mínimos, en silencios estratégicos, en rincones donde nadie preguntara nada.
<3