—Si acepto —preguntó el artista—, ¿no pedirás clemencia después?
El hombre negó lentamente.
—Quiero que mi miedo termine dentro de ti.
Que mi voz se vuelva eco.
Que mi nombre deje de ser necesario.
El ritual cambió de forma.
Esta vez no fue una captura del deseo, sino un acuerdo.
Una cesión mutua.
El Fabricante sintió, por primera vez, que no tomaba… que recibía.
No hubo resistencia.
Solo una calma extraña, casi sagrada.
Cuando todo terminó, el silencio fue distinto.
Más pesado.
Más lleno.
<3