La escultura nació de restos precisos, pensados. No quiso idealizarlo. No quiso embellecerlo. La hizo honesta: un torso incompleto, abierto, como si aún respirara por dentro.
El retrato fue brutal en su quietud.
Un hombre sin expresión, pero con los ojos llenos de decisión.
Lo colgó junto a los demás.
Y algo se quebró.
Porque al mirarlo, el Fabricante entendió la verdad que había evitado durante años:
Ya no era solo el guardián de sus memorias.
Ya no era solo el recipiente.
Se estaba convirtiendo en un lugar.
Un espacio donde otros venían a terminar.
Donde el final no era muerte, sino permanencia deformada.
Esa noche, frente al espejo, notó algo nuevo.
Un gesto que no era suyo.
Una postura ajena.
Una mirada que no recordaba haber aprendido.
Sonrió.
No sabía si aún era él.
Pero por primera vez…
eso dejó de importarle
<3