Porque algo en el taller la sostuvo.
Algo antiguo.
Algo hecho de restos emocionales.
El ritual no fue planeado.
Fue un forcejeo de voluntades.
Ella resistió no con el cuerpo, sino con la memoria. Pensó en la infancia, en la risa perdida, en el amor que aún dolía.
Él sintió ese dolor entrarle como un veneno lento.
No hubo entrega.
No hubo acuerdo.
Solo una absorción incompleta.
Cuando terminó, nada encajaba.
El retrato fue el primero que no quiso mirarlo.
La escultura nació torcida, fracturada, como si rechazara su forma.
<3