Y dentro de él… algo gritaba.
Una presencia que no se acomodaba.
Una voz que no aceptaba el silencio.
Esa noche no durmió.
Porque entre los recuerdos ajenos,
entre las culpas heredadas,
escuchó una frase repetirse:
“No te pertenecemos.”
Por primera vez desde que comenzó,
el Fabricante lloró.
No por ellos.
No por ella.
Lloró por sí mismo.
Porque entendió algo irreparable:
No todos querían ser eternos.
Y aun así…
él los había tomado.
Y el arte,
por primera vez,
le devolvió la mirada.
<3