El inspector no entró como los demás.
No miró los cuadros primero.
Miró el aire.
—Aquí hay algo que no se cuelga —dijo—. Algo que permanece.
El Fabricante sintió el temblor en la nuca. No era miedo. Era reconocimiento: ese hombre sabía oler lo que no se ve.
No preguntó por nombres.
No pidió fechas.
Se detuvo frente a una escultura incompleta, y frunció el ceño.
—El arte siempre deja rastro —continuó—. Incluso cuando intenta ser limpio.
El silencio se tensó como un hilo a punto de romperse.
—¿Qué busca? —preguntó el artista, con voz serena.
<3