—Él no quería desaparecer —susurró el visitante—.
Quería ser suficiente.
El Fabricante cerró los ojos.
—Lo fue —dijo—.
Más de lo que imaginas.
El hermano recorrió las esculturas. Se detuvo ante una, reconoció algo en la curva, en la tensión incompleta. No tocó. Se arrodilló.
—Siempre tuvo miedo de no dejar nada —murmuró—.
Y míralo ahora… hecho de demasiada permanencia.
La rabia se volvió llanto seco.
—¿Lo amaste? —preguntó, sin mirar.
El Fabricante no respondió enseguida.
Porque amar, en su lenguaje, no era salvar.
—Lo sostuve —dijo al fin—.
Cuando nadie más supo cómo.
<3