PRÓLOGO
EL ARTE DE NO DEJAR IR
.
.
.
Parte II: Donde nacen los recuerdos que no saben morir
.
.
.
.
Parte III: La que sonreía incluso cuando se iba
.
.
Parte IV: La que hablaba con los ojos cerrados
.
.
Parte V: La que creyó que podía salvarlo
.
.
Parte VI: La que nunca supo que era amada
.
.
Parte VII: La que quiso huir
.
.
.
Parte VIII: La que volvió después de irse
.
.
Parte IX: La que lo admiraba
.
.
Parte X: La que quiso ser única
.
Parte XI: La que no dejó huella
.
.
Parte XII: La que gritaba demasiado
.
.
Parte XIII: La que susurraba verdades
.
.
Parte XIV: El que se parecía demasiado a él
.
.
Parte XV: El que quiso formar parte de él
.
.
Parte XVI: La que quiso ser hoga
.
.
Parte XVII: El que quiso aprender a mirar
.
.
Parte XVIII: La que no quería ser vista
.
.
Parte XIX: El que llegó tarde
.
.
Parte XX: La que quiso ser perdonada
.
.
Parte XXI: El hombre que pidió quedarse
.
.
Parte XXII: La que no quiso quedarse
.
.
.
Parte XXIII: El hombre que olía a verdad
.
.
.Parte XXIV: La que quiso aprender a mirar
.
.
Parte XXV: El que amó con rabia
.
.
.
Parte XXVI: La mujer que ofreció venganza
.
.
.
Parte XXVII: El hombre que no merecía ser amado
.
.
.
Parte XXVIII: La mujer que volvió distinta
.
.
.
Parte XXX: La mujer que hizo las preguntas correctas
.
.
Parte XXXI: El hombre que empezó a deshacerse
.
.
Parte XXXII: La primera a la que dejó ir
.
.
Parte XXXIII: El hombre que no quería marcharse
.
.
.
Parte XXXIV: La que se quedó por amo
.
.
.
.
Parte XXXV: El último que pidió quedarse
.
.
.
Parte XXXVI: El mundo después del silencio
.
.
Parte XXXVII: Lo que aún late
.
.
.
Parte XXXVIII: La sangre que quiso ser verdad
.
.
Parte XXXIX: Dos manos, una sombra
.
.
Parte XL: El error del reflejo
.
.
Texto
headset
Аудио
У вас появилась возможность начать слушать аудио данной книги. Для прослушивания, воспользуйтесь переключателем между текстом и аудио.
Ok
.
—Aquí hay pasión. Aquí culpa. Aquí necesidad. Pero aquí… —se detuvo— aquí hay justicia torcida.
Él sintió un rechazo visceral.
Porque conservar era una forma de negar la pérdida. Pero vengar… vengar era repetirla.
—No todos los vacíos merecen ser llenados —dijo.
Ella guardó la fotografía.
—Entonces no eres un dios —susurró—. Solo un hombre que tiene miedo de elegir.
Se dirigió a la puerta, pero antes de salir añadió:
—Cuando decidas qué hacer con tu poder, volveré. Las heridas no se cierran solas.
<3