No por amor.
No por permanencia.
Sino para callar.
—¿Sabes lo que hago? —preguntó el Fabricante, acercándose.
—Arte —respondió el hombre—.
Con gente que cree que importa.
Sonrió.
Y esa sonrisa fue la última línea.
El Fabricante sintió cómo las voces internas se agitaban, no para quedarse… sino para huir. Incluso la que no quiso quedarse gritó con claridad.
“Si lo tomas, te rompes.”
El ritual comenzó a formarse en su mente.
No como acto.
Como impulso.
Y ahí estuvo el instante más peligroso de todos:
El momento en que quiso hacerlo.
No por amor.
<3
No por miedo.
Sino porque podía.
El Fabricante dio un paso atrás.