—Vete —dijo.
El hombre alzó una ceja.
—¿Eso es todo?
—Aquí no todos son dignos de ser parte —respondió—.
Algunos deben seguir existiendo… con su propio peso.
El visitante rió, incrédulo, y se marchó sin mirar atrás.
Cuando la puerta se cerró, el Fabricante cayó de rodillas.
No había creado nada.
No había conservado a nadie.
Y aun así, temblaba.
Porque entendió la verdad más oscura de todas:
No era el ritual lo que lo hacía monstruo.
Era la posibilidad de usarlo sin amor.
Y esa noche, por primera vez,
decidió algo impensable:
No todas las historias merecen un final eterno.
Algunas deben seguir doliendo…
afuera.
<3