—Si hubieras aceptado —susurró—, yo habría dejado de ser yo.
Y tú también.
El Fabricante sintió un alivio extraño, casi doloroso.
—Elegir no usar el poder —dijo— también deja cicatrices.
Ella asintió.
—Por eso volví. Para ver si seguías aquí… o si el mito ya te había tragado.
Se detuvo frente al retrato vacío que la discípula había dejado. El marco sin rostro parecía observarlos.
—¿Qué haces cuando no creas? —preguntó.
El Fabricante tardó en responder.
—Escucho —dijo al fin—.
Y a veces… dejo ir.
La mujer cerró los ojos.
—Entonces aún no estás perdido.
<3