Caminaron entre las obras. Ella no las describió. No tomó notas. Se detuvo frente al marco vacío y sonrió con tristeza.
—Aquí falta alguien —dijo—.
Y no me refiero a una obra.
El Fabricante cerró los ojos.
—¿Por qué vienes? —preguntó.
—Porque los mitos no caen cuando se descubren —respondió—.
Caen cuando dejan de ser necesarios.
Eso lo atravesó.
—La gente ya no quiere eternidad —añadió—.
Quiere explicaciones.
El ritual tembló en su interior, como una costumbre que pide repetirse. Bastaría convertirla en silencio, volverla forma, añadir otra voz al coro.
Pero ella levantó la mirada.
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