Y con cada fragmento que desaparecía, algo en su pecho se aflojaba.
Dolía.
No como un castigo.
Como una despedida real.
—Gracias —dijo ella, ya deshaciéndose—.
Por entender tarde… pero entender.
Cuando se fue, el taller quedó incompleto por primera vez. Un vacío verdadero ocupó el espacio donde antes había permanencia forzada.
El Fabricante lloró sin dramatismo.
Sin culpa.
Sin ceremonia.
Lloró porque soltar
era más violento que cualquier ritual que hubiera inventado.
Y mientras el polvo se asentaba, comprendió algo irreversible:
No estaba perdiendo su obra.
Estaba desaprendiendo a ser un dios
<3