—Tú me hiciste pilar —continuó—.
No recuerdo mi vida antes de esto…
pero aquí tuve propósito.
El taller crujió, como si confirmara la amenaza. Las paredes respiraban con dificultad. Las esculturas restantes temblaban, incompletas, cansadas de sostener un lugar que ya no sabía para qué existía.
—No puedo más —dijo el Fabricante—.
Mi cuerpo no es templo.
Es ruina.
El hombre se acercó. No había reproche en su voz. Solo una claridad triste.
—Entonces escucha la verdad que evitaste:
no eras un dios,
eras un puente.
Y los puentes no están hechos para quedarse en pie eternamente.
El Fabricante comprendió.
<3