Y entendió algo inquietante:
No había dejado de ser el Fabricante de Lágrimas.
Solo había dejado de fabricarlas para sí mismo.
Tal vez su condena no era crear.
Tal vez era presenciar.
Ser el que ve.
El que no inmortaliza.
El que recuerda sin poseer.
Pero incluso eso…
también es una forma de carga.
Al pasar frente a un escaparate, su reflejo le devolvió una mirada antigua, alerta. No monstruosa. No redimida.
Incompleta.
Y en esa incompletud, algo volvió a abrirse.
No un final.
No un inicio.
Una grieta nueva.
<3