Colección de lágrimas

Parte XXXIX: Dos manos, una sombra

El anonimato no fue un refugio.
Fue una forma nueva de existir.

El Fabricante aprendió a borrar su paso: horarios rotos, rutas inconexas, materiales que no pedían explicación. Ya no buscaba rostros; buscaba instantes. Ese segundo frágil donde alguien deja de pertenecer al mundo y pasa a pertenecer a la memoria. No necesitaba mirar atrás. La obra hablaba por él.

Pero algo empezó a fallar en el silencio.

Apareció otra pieza.
Luego otra.

Tenían la misma quietud herida. El mismo temblor detenido.
Pero no eran suyas.

No lo supo por orgullo, sino por discordancia.
Había una ansiedad distinta en los trazos. Una prisa que delataba hambre, no comprensión. El imitador no entendía el rito: quería el efecto sin el vacío previo. Quería el mito sin el precio.

<3



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En el texto hay: psicologico

Editado: 17.01.2026

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