Colección de lágrimas

Parte XLI: La obra que no debía existir

El imitador ya no dormía.
No por culpa.
Por ansiedad.
Había entendido el mensaje. No con palabras, sino con ese estremecimiento antiguo que solo sienten quienes han sido vistos desde la oscuridad. El mito no estaba muerto. No estaba retirado. Lo estaba mirando.
Y eso lo volvió torpe.
Quiso demostrar que podía ir más lejos. Que podía superar al origen. Que no era solo un eco. Planeó la obra como si fuera un manifiesto: más grande, más visible, más definitiva. No buscó conexión. No buscó amor. Buscó impacto.
Ese fue el acto irreversible.
La pieza apareció en un espacio imposible de ignorar. No tenía la quietud ritual del Fabricante, sino una violencia desbordada, casi infantil. No había nostalgia: había rabia. No había duelo: había prisa.
La gente no lloró.
Se horrorizó.

<3



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En el texto hay: psicologico

Editado: 17.01.2026

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