Colección Vol.I

El último hombre

No quedaba nadie en el planeta Tierra además de él. Una gran y letal pandemia había azotado a la humanidad por 3 años. Por alguna razón ,a pesar de contraer la enfermedad más de una vez, esta no lo había matado. Aquella mañana, Jorge estaba acostado sobre la cama de su caravana vieja. Despertaba de su larga siesta después de almorzar. Había consumido una sopa de tomate Campbell's que, afortunadamente, continuaba vigente.

Desde antes de la pandemia, Jorge había sido un joven tímido e independiente. Se había acostumbrado a la soledad  durante los tres meses desde la muerte de su amigo, pero aquello no reducía su dolor. Aprendió a sobrevivir y a sobrellevar su duelo en compañía de los animales del bosque durante sus largos paseos. En cada salida albergaba la esperanza de hallar a otro sobreviviente, pero también le asustaba al imaginarse qué clase de persona podría ser: un caníbal, un asesino serial, un enfermo mental, una chica atractiva que preferiría morirse antes de repoblar el mundo con él, etc. Dependiendo de qué tan bizarra fuera su idea sobre esa persona, se decía a sí mismo que prefería estar solo. 

Una de las mayores ventajas de su situación era el acceso gratuito a los productos. Solo debía revisar que no estén pasados. También le agradaba el silencio por momentos. Cuando se aburría de la inmensa quietud, colocaba un vinilo de su extensa colección y bailaba por toda la caravana con su gata Maki. Ella era su mejor amiga, su pañuelo de lágrimas y compañera de cacería. Juntos disfrutaban escuchando a Elvis, Frank Sinatra, Tina Turner, Chabuca Granda, Mercedes Sosa, Enanitos Verdes y Soda Stereo.

Una noche, un "TOC, TOC" irrumpió violentamente el armónico concierto de grillos. "TOC, TOC".Nadie respondió. "TOC, TOC".Jorge se puso en alerta. Hace mucho que no escuchaba un sonido como aquel. Incluso pensó si no había sido producto de su imaginación. "TOC, TOC". Miró por la ventana y vio una silueta. No quedaban dudas. Había alguien al otro lado de la puerta. Sus esperanzas no eran tan locas después de todo. Olvidó el sinfín de teorías que creó sobre esa persona. Solo importaba una cosa: Ya no estaba solo.




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