Colección Vol.I

Nacido para este trabajo

Zacarías se levantó al alba aquella mañana de lunes para ir a la mansión. Después de asearse y tomar un ligero desayuno, levantó su vieja maleta deportiva negra donde guardaba sus herramientas de trabajo y salió de casa. Al verlo llegar, el vigilante abrió el gigantesco portón de hierro para él. 

  - Buenos días, Lucho. - saludó Zacarías mientras levantaba la mano. -  Una fría mañana, ¿verdad?

 - Sí, siento cómo se  me entumecen mis manos por el frío. - respondió Lucho, el vigilante. -  Perderé mis dedos en cualquier momento. Y si eso pasa , ¿quién te abre la puerta?

- Para eso están los guantes. 

El hombre dejó su bolsa sobre el pasto, abrió el cierre y retiró sus enormes tijeras. Zacarías había sido el jardinero exclusivo de la antigua e ilustre familia Gómez desde hace más de veinte años gracias a su espléndida labor. Era tan bueno que incluso su nombre completo aludía irónicamente a su oficio: Zacarías Flores del Campo. Aquello divertía a su esposa Adriana y , por supuesto, a él también. Eran felices juntos en su pequeña casa llena de plantas de todo tipo. Este amor por la botánica fue lo que los unió desde el principio.

- ¡Bienvenido, sr. Flores! -lo saludó Valeria, la pequeña heredera de los Gómez. - ¿Va a podar esos arbustos hoy?

-Sí - le respondió él con gentileza.- ,¿te gustaría que tengan una figura en especial?

-¡Sí! Que sean como la luna en todas sus fases.

-Sus deseos son órdenes.

Zacarías moldeó los tupidos arbustos con figuras selénicas como la niña le había pedido. Ella siempre había sido amable con el viejo jardinero, quien cumplía su deseo de tener el jardín más creativo y bonito de todos. Era tan rápido y preciso en su arte que todos los árboles y arbustos ya tenían forma definida antes de la hora del té, a la cual, desde luego, fue cordialmente invitado.Con tantos años de servicio, Zacarías se había convertido en un miembro más de los Gómez.

- Los Gómez te aprecian de verdad. -le dijo su esposa una noche después de cenar, mientras frotaba sus arrugadas y callosas manos con crema humectante.- Haz lo posible por  cuidar ese trabajo.

- Lo sé, Adri. - le respondió él. - Por eso me esfuerzo al máximo cada día en mi trabajo.

Un día, llegó al elegante barrio la noticia de un concurso de jardines con el premio mayor de $100.000. La familia Gómez inscribió a Zacarías con la condición de dividirse las ganancias del premio. Él no quería participar, pero con la insistencia de Adriana y sus jefes aceptó. Se preparó por meses con el apoyo de su gente: su esposa, Valeria y sus jefes. 

La ceremonia de premiación coincidía con el cumpleaños de la pequeña heredera, el 25 de octubre. Aquello motivó a Zacarías a crear un jardín en honor a la niña. Todas sus ideas estaban basadas en las formas que Valeria solía pedirle e incluso se atrevió a innovar con figuras que sabía que podían gustarle. El día de la premiación, mientras el jardinero y su esposa esperaban los resultados del concurso, los Gómez festejaban el cumpleaños de su hija en la casa de campo familiar. Valeria moría de ganas por ver el trabajo de Zacarías, su mente estaba en el concurso en lugar de la fiesta. Sus amigas del colegio la veían distraída y se preocuparon.

- Valeria, ¿qué tienes? - le preguntó Gabriela, su mejor amiga. - Es tu fiesta, deberías estar feliz.

Valeria corrió hacia su madre y dejó a su amiga hablando sola. Una vez en la mesa de adultos, le susurró al oído su deseo.

- Mami, quiero ir a casa a ver el concurso del sr. Flores - le pidió con ternura -. ¿Me puedes llevar, por favor?

-  Pero, hijita, es tu cumpleaños. Diviértete con tus amigos.

- ¡No! Yo quiero ver a Zacarías ganar el concurso. Hizo un trabajo muy bonito con las figuras que siempre le pido. Él también es mi amigo y quiero acompañarlo, es un día importante para él. Habrán más cumpleaños, pero quién sabe cuándo será el próximo concurso.

- Ya, ya... Te llevo.

La familia Gómez llegó a casa justo a tiempo para ver a su jardinero y a su mujer subir al escenario para presentar su proyecto paisajístico. Era el más bello de todos, con el toque soñador característico de Valeria. Tenía sus flores preferidas. Al verla llegar, Zacarías se emocionó y se armó de valor para exponer. Al terminar, recibió tres 4s y un 5 de los jueces. Aquel puntaje le otorgó el segundo lugar, pero eso no le importaba al jardinero. Para él, la presencia de Valeria y sus ojos brillando de admiración por su trabajo era el mejor premio del mundo.




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