Hospital Unity Morgan,
San Francisco ,California
9:00 PM de la noche
Naomi
El olor de antiséptico, pitidos de monitores y el ruido, más el caos de emergencia no era nada nuevo para Naomi al está acostumbrada con todo eso de su manada, esto era solo otro soundtrack de su vida.
Al caminar por el pasillo del Hospital Unity Morgan, la joven enfermera se pregunto porque no lleno su Stanley cup rosado con más quita sueño marrón aka café , suspirando tomo otro trago mientras iba revisando cada estación , mirando su uniforme, está vez de color azul, viendo las notas de los pacientes, hasta que escucho a su compañero de turno con desesperación, ya con varias horas de turno llamarla, para avisar que el paciente del box 8, el señor Weston quería arrancarse la insulina.
Al suspirar pensó que esto era algo normal y que tendría que usar su concepto de mano dura para aplacar al paciente, a l entrar al box se encontró con el señor mayor más gruñón del mundo pero no titubeó al dejarle claro que ella era la que mandaba ahí, sin dejar de sonreírle, se planto frente a él , puso manos en las caderas , lo miro con sus ojos expresivos y castaños claros y le dijo:
— "Señor Weston, suelte esa vía ahora mismo si no quiere que el asunto se ponga feo."
— "¡No me mire así! Si se arranca la insulina, le juro por mis rizos dorados y definidos que le prohíbo la entrada al ala especial del bingo de los martes en la noche. Y olvídese de conseguir el teléfono de mi vecina Gladys. Ella solo sale con pacientes que siguen las órdenes de su enfermera."
Al hablar pensó en su vecina aka la abuela postiza del Nao Squad, conocida como doña Gladys, la anciana de su complejo de apartamentos que se encargaba de cuidar y amar como nietos a su manada y que también le contaba los chismes.
Ya habiendo terminado de manejar la situación , termino hablando con su compañero de turno y mejor amigo del hospital Samuel '' Sam''' Blaire acerca de su próxima salida, la cual él siempre organizaba al ser el más revoltoso de los dos y eso que ella no se quedaba atrás, energia era lo que más sobraba pero no se comparaba con tenerlo a él en su vida.
Sam: — "Nash, dime que el fin de semana estás libre. He conseguido pases para esa terraza nueva. Necesito alcohol y música, además de sexis hombre en tanga."
Naomi: — "Sam, eres un peligro andante para mi rutina de sueño. Pero... si hay cócteles y hombres con sombrillitas, puedes contar conmigo. Eso sí, la manada necesita verme aunque sea arreglarme porque la señora Gladys dice que ya están haciendo su huelga de hambre habitual."
Sam: — "Esos perros comen mejor que yo, Naomi. Es humillante." Merezco más trato también, soy solo tu compañero o el padre gay de la Nao squad¨
Naomi: --- ¨ Eso depende de ellos¨ Pero te dejaré saber para ir a rumbear.¨¨
Sam: --- ¨ Ummm¨¨¨! No eres divertida!
Naomi: --- ! PERO ME AMAS!
De pronto recibió su mensaje de todos los días sobre sus perros que la hizo recordar que ellos también eran una revolución en su vida, mientras su celular vibraba con un mensaje de doña Gladys, sobre como sus hijos perrunos la extrañaban y no se dignaban a comer otra cosa que no fuera las galletas caseras que la doña les hacía y como Charlie intentaba subir escaleras a pesar de su condición solo para poder seguir a la anciana o como Magda se volvía a subir al pasto del balcón de la señora para tomar su anhelado sol como si necesitara broncearse o estuviera en unas vacaciones en el caribe. pero eso le saco una sonrisa y haciendo que el estrés del día disminuyera.
Mientras terminaba la última hora de su turno, no pudo evitar una mirada extraña:
Naomi: — "¿Pasa algo, doctor? ¿Tengo una mancha de café o es que mi aura le encandila los ojos?"
Auspiciada por el doctor Sterling (encargado del turno) como si cada día se volviera más loca.
Saliendo del hospital, cansada y hambrienta pero con la mente en una sola cosa, llegar a ver a sus bebés y por supuesto llenar su Stanley cup rosado de té y escuchar su podcast favorito sobre mantras de afirmación positiva, solo si Magda no roncaba como un tractor descompuesto.