San Francisco, California
Hospital Morgan Unity
Turno diurno
Naomi
Después del fin de semana tan alocado que tuvo, dígase ir al parque y conocer a su futuro marido, Naomi lo menos que quería era que su turno en el hospital comenzará con pie izquierdo: la máquina de café estaba dando una bebida salada anormal y el aire del hospital parecía que albergaba muertos y no pacientes o vivos con lo frío que estaba, eso sin contar con el nuevo fisioterapeuta del hospital, nada más y nada menos que su grandísimo idiota ex- novio Marcus O´Conner aka el imbecil, la rata o la mejor de todas chocolate sin sabor.
A pesar de revisar las gráficas en la estación de enfermería, no pudo evitar escuchar a dicho sujeto acercarse, aunque no era su área de trabajo con su voz familiar o lo que ella llamaba la voz del encanto nasal:
—"Vaya, Nash. Veo que esos rizos siguen siendo tan indomables como cuando intentaba que llegaras a tiempo a nuestras citas."
Naomi cerró la carpeta con un golpe seco y se giró. Ahí estaba Marcus , el fisioterapeuta nueva estrella del hospital, luciendo su sonrisa de catálogo de blanqueamiento dental e implante de injerto fallido.
Naomi: — "Marcus. Veo que tu capacidad para interrumpir mi trabajo sigue intacta. ¿No tienes algún músculo tenso o atrofiado que masajear en la otra ala del hospital?"
Marcus: — No, solo venía a saludar a mi antiguo amor. ¿Sigues perdiendo el tiempo con ese 'zoológico' en lugar de salir con alguien que pueda llevarte a cenar a lugares sin pelos de perro en la ropa?"
Naomi: — (Con una sonrisa gélida) "Mis perros tienen más lealtad y mejores modales que la mayoría de los hombres con los que he salido, tú incluido´´.
Marcus: — "Solo digo que podrías aspirar a más. Alguien exitoso, con clase... como yo.´´
Naomi: — JAJAJAJA ! Muévete; tengo pacientes que sí merecen mi atención."
Mientras Marcus se alejaba ofendido, Sam (su compañero de turno) se acercó a Naomi con una ceja levantada:
Sam: — !Pobre chocolate sin gracia! Pareciera que necesita de la tuya para respirar.
Naomi: — No, Sam. Solo me recuerda por qué prefiero la compañía de seres que ladran. O de hombres que gruñen y que me llevan altura.
Sam: — ¨Chica, estás loca ¨.
Naomi: — ¨Me quieres igual ¨.