Erik
Al ver que ella daba el siguiente paso, cosa que lo dejo sorprendido de nuevo decidió dejarse llevar y acepto la taza de té interrumpida la vez pasada, también sospeso la situación de volver a encontrarse con la manada , algo que hizo que su ceño se profundizara y que ella se diera cuenta de inmediato dándole a entender que ellos no estarían, lo que implicaba que estaban solos.Él solo pensó en que por fin l llevaría su plan a cabo de invitarla a salir.
Puesto que él siempre tenía su vehículo y no lo iba a dejar en el parque después de haber logrado su objetivo, la invitó a subir, y aunque la tensión era larga no evito que ella le hiciera preguntas, él solo se limito a dar silabas. ya llegando al destino y recordando su dirección, parqueo y se bajaron.
El apartamento era como lo recordó,incluso con la puerta estrecha , con sus olores y colores, también con todo más organizado, recordó la última vez y busco el espacio creado para la manada o como ella se refería el Nao Squad.
Al entrar, Erik tuvo que volver a agachar la cabeza para cruzar el umbral.
—Sigues sin ampliar la puerta, veo —comentó él, con su voz gruñona. En ese momento sus ojos recorrieron la figura de ella.
—Y tú sigues siendo demasiado grande para el mundo real —respondió Naomi
Ella como siempre lo dirigió al sofá , fue a la cocina y dejo su Stanley cup en la mesa frente a él, pidiéndole que se acomodara como en su casa, mientras ella traía está vez el café negro que a él le gustaba.
Erik se sentó, aunque su espalda permaneció recta como una tabla. Observó a Naomi desaparecer en la cocina. El sonido y el aroma empezó a inundar la sala hicieron que se relajara a su pesar.
—Aquí tienes —dijo ella regresando unos minutos después. Le tendió una taza de cerámica pesada. -Café negro. Sin azúcar, sin crema, amargo como tu humor. - Dijo ella, sonriendo.
Erik tomó la taza, cuidando que sus dedos rozaran los de ella. Le dio un sorbo largo, apreciando la calidad.
—Está bueno —soltó él, siendo su frase más larga.
Naomi se sentó al lado de él, cruzando las piernas con esa elegancia natural que volvía loco a su sistema de control.
—Solo "bueno" es un insulto para mi , drakkar —lo retó ella con la mirada—. Pero lo aceptaré viniendo de alguien que solo dice "sí", "no". ¿Vas a decirme qué planeabas hacer hoy si yo no aparecía en el parque, o vas a seguir fingiendo que solo estabas allí para entrenar ?
Erik dejó la taza sobre la mesa con una lentitud deliberada. El momento de su plan había llegado. Ya no estaba Liam, ni perros. Solo ella.
Naomi
Al cabo de un rato de mirarse y beber el café sorbo a sorbo , de mirarlo, y de no decir nada , ella pensó en como volver a detonar una reacción de él. Decidió acercarse a él en el sofá , mirarlo fijamente y preguntarle algo que simplemente lo desarmara :
—¿Por qué finges que te enojaste por lo que pasó con Charlie? —preguntó ella en un susurro, obligándolo a sostenerle la mirada—. Se sabe que, sin ese desastre, no estarías aquí conmigo ahora, ¿verdad, oso rojo?
Erik soltó un suspiro pesado, una mezcla de rendición y devoción,
—Eres la persona más directa que conozco —soltó él, y por primera vez, no hubo frialdad en su voz, sino una honestidad brutal—. Pero eso no quita que te haya buscado y pensado por dos semanas. Y que esté aquí ahora, contigo, en lugar de estar en cualquier otro lugar del mundo, como el campo de entrenamiento o mi apartamento.
Naomi sonrió,
—Te tomó bastante tiempo darte cuenta, drakkar. Para ser un hombre deportivo , eres bastante lento para procesar lo obvio. Y créeme, trabajo con pacientes todo el día, pero tú... tú eres la persona más seria con la que me he cruzado.
Ella se acercó un poco más, invadiendo su espacio personal
—Dime, Oso Rojo... ¿Cuál es tu verdadera intención conmigo? Porque no creo que hayas venido solo por un café y escucharme hablar todo el rato.
El desafío fue la gota que colmó el vaso. Erik dejó de ser el espectador de su propia rutina. Con un movimiento fluido y sorprendentemente suave para su tamaño, la acorraló contra el respaldo del sofá. Su mano grande se posó a un lado del cuello de ella , sin tocarla pero rodeándola con su calor.Él se inclinó hasta que sus labios estuvieron a milímetros de los de ella.
—Esto es una mala idea —susurró él.
—Me encantan las malas ideas, Erik. Sobre todo esta entre tú y yo.
Fue entonces cuando él rompió su propio autocontrol. Erik la besó con la fuerza de un depredador que finalmente alcanza a su presa, pero había una desesperación contenida en ese contacto, como si hubiera estado conteniendo ese impulso desde el primer segundo en que ella lo derribó en el parque.